domingo, 24 de abril de 2011

Del bodegón al grafiti, nuevos paseos para locales y turistas

Un circuito con rincones poco conocidos para disfrutar de la capital porteña. Vida nocturna, música, costumbres criollas y propuestas culturales alternativas.


A veces uno se encuentra en la situación de tener que oficiar de guía turístico para algún pariente o amigo extranjero; algo aparentemente simple en lo teórico, pero que no lo es tanto en la práctica. Si se trata de un solo día, uno no tiene problema en hacer el recorrido obligado de Caminito, el café Tortoni y el Obelisco.

Pero si la cosa se dilata, suele volverse tedioso para un porteño recorrer los sitios característicos de la Ciudad de Buenos Aires . La siguiente guía está pensada para que usted pueda equilibrar entre los destinos y actividades que inexorablemente todo visitante querrá conocer, con otros más originales, que pueden resultar interesantes a ambas partes.

Si el visitante es una persona de mente abierta, con inquietudes artísticas y busca algo más que una foto junto a la Bombonera, es muy posible que se sienta atraído por el Street Art Tour . Organizadas por la compañía Grafiti Mundo, estas visitas guiadas invitan conocer los murales, grafitis y demás obras de arte urbano que decoran Buenos Aires. Aunque muchos lugareños lo ignoran, la “reina del plata” no tiene nada que envidiarle a Barcelona o Los Angeles, ya que, junto con San Pablo, es la meca del arte callejero de América Latina. El paseo dura tres horas, recorre Palermo y sus inmediaciones, y se realiza de miércoles a sábados, desde las 16. Cuesta $ 90 (con bebida y traslado) y puede ser en inglés o en castellano.

En el Abasto, la psicodelia no está en las paredes sino en las calles, donde late un multicuralismo desprolijo, bien latino. Aquí, la música de La Bomba de Tiempo , el ensamble de percusión fundado y dirigido por Santiago Vázquez, no desentona. Todos los lunes por la noche en la Ciudad Cultural Konex (Sarmiento 3131), La Bomba invita a participar de una experiencia que remite al trance tribal. Los tambores frenéticos convierten a esta ex fábrica en una rave de espíritu primitivo, donde la relación formal artista - espectador se desintegra y da lugar a un evento comunitario.

Pensar en evadir la temática tanguera y la cultura criolla es pecar de iluso. Además, ¿por qué alguien preferiría no conocer aquello que distingue a Buenos Aires de tantas otras metrópolis? No es exagerado decir que las costumbres criollas se van diluyendo con los años. Por suerte existe la Feria de Mataderos , el mejor lugar de la Ciudad para experimentar los ritos de cuando la urbe era sólo una gran aldea. Se realiza los domingos de 11 a 20, a pocos metros del cruce de las avenidas Lisandro de la Torre y Directorio, y permite disfrutar de la gastronomía criolla (locro, tamales, asado), música folclórica, competencias de sortija y un paseo de artesanos (entrada gratuita; se suspende por lluvia).

La postal tanguera típica está en todos lados; el desafío radica en dar con un lugar al que se le pueda aplicar el rótulo de “auténticamente tanguero”. Ese sitio es la milonga del club Sunderland (Lugones 3161, Villa Urquiza ). Todos los sábados desde las 22.30, decenas de milongueros se dan cita en una de las pocas pistas donde aún vive el espíritu de los años 40. La milonga se realiza en un club de barrio y se baila sobre las baldosas de su cancha de básquet.

Ya que hablamos de tango, cómo no mencionar el Hipódromo Argentino de Palermo , templo hípico en cuyas tribunas Carlos Gardel dejaba el alma alentando a su querido caballo Lunático. En aquellos tiempos el turf era pasión de multitudes, y el antiguo edificio de Avenida Del Libertador 4101 (inaugurado en 1876 y reformado en 1908) hervía los domingos. La situación ya no es la misma, pero el lugar sigue teniendo cierta mística, cierto charme , que surte efecto en locales y extranjeros. Hay carreras los lunes por la tarde, y algunos viernes, sábados y domingos. La entrada es gratuita, salvo para la tribuna oficial. En noviembre se realiza el Gran Premio Nacional, una cita imperdible.

El Teatro Colón no tiene nada que ver con las apuestas ni los caballos, pero hay algo que lo emparenta al hipódromo: ambos engloban su propio universo. Tras el telón de uno de los mejores escenarios del mundo funciona una compleja maquinaria humana que se encarga de trabajar hasta en el más ínfimo detalle de cada puesta: escenografía, vestuario, iluminación, un modelo de producción que se dejó de aplicar en el resto del globo y que vuelve al Colón una rara avis. Las visitas guiadas –en castellano e inglés– permiten conocer esta maravillosa fábrica teatral. Se realiza todos los días, desde las 9 y hasta 15.45 (el tour cuesta $20 para locales y US$ 15 para extranjeros).

Ajenos a toda moda, los bodegones porteños (en los que términos como maridaje o cocina molecular no tienen cabida) siguen fieles a su mezcla de gastronomía italiana y española. En la esquina de San Juan y Sarandí, San Cristóbal , se encuentra el bar Miramar, uno de los máximos exponentes de este rubro. El local abrió hace 60 años y todo en él –mesas de madera y manteles blancos, el mostrador y la atención– recuerda a la Buenos Aires de mediados de siglo XX. Es el lugar ideal para compartir el tradicional “vermut”, y disfrutar de platos como buseca y guiso de lentejas, o especialidades más raras, como ranas o caracoles.

Atrapado entre el incesante caudal de autos de las avenidas Del Libertador y Figueroa Alcorta, en Palermo, late un pequeño enclave nipón: el Jardín Japonés (abre todos los días de 10 a 18; la entrada cuesta $ 8). Si bien es raro mostrarle a un turista algo tan alejado de la cultura local, su exotismo lo vuelve un paseo imperdible. Los visitantes pueden recorrer los estanques, alimentar a las enormes carpas de colores y disfrutar de la Ceremonia del té en el restaurante, que también está abierto por la noche, y ofrece sushi y platos típicos de la comida nipona.

Internándose 12 km en la provincia de Buenos Aires , está la zona de las Barrancas de San Isidro , destino de fácil acceso (se puede llegar en tren, auto o colectivo) marcado por la historia y la ribera del Río de la Plata . La plaza Mitre, la catedral y Villa Ocampo (Elortondo 1837) –centro cultural que funciona en la antigua casa de Victoria Ocampo– son algunos de los lugares característicos de este barrio. La feria de antigüedades de la estación Barrancas del Tren de la Costa merece ser visitada, al igual que Perú Beach (Perú y el río), área costera donde se puede practicar deportes y disfrutar de un buen trago.

Buenos Aires, la meca norteamericana

Desde 2001 se convirtió en la ciudad más elegida para vivir; muchos jóvenes se quedaron luego de viajes estudiantiles y de turismo.


Buenos Aires, la meca norteamericana
                               Por: Evangelina Himitian

Algunos llegaron como turistas, otros como estudiantes y también como jubilados en su primer año sabático. Pero pronto se enamoraron de la ciudad -de su movida artística, de las comidas, de su vida nocturna y de su moneda devaluada- y decidieron echar raíces en estas tierras. Por estos días, miles de estadounidenses dejan su país para radicarse en Buenos Aires.

Estados Unidos se ubicó octavo en el ranking de nacionalidades que más solicitudes de radicación presentaron desde 2004 ante la Dirección General de Migraciones. Un dato que no es menor: seis de las nacionalidades que anteceden a los EE.UU. en el ranking corresponden a países limítrofes o de la región (Bolivia, Paraguay, Perú, Chile, Uruguay y Brasil). En tanto que China se ubicó en el cuarto puesto.

"Durante la última década, aparecieron dos nuevos polos de inmigración que atraen a los norteamericanos fuera del país: Buenos Aires y Pekín, en ese orden", asegura una investigación que dirige la antropóloga Judith Freidenberg, directora de estudios de pregrado del departamento de antropología de la Universidad de Maryland, en los Estados Unidos. Freidenberg es argentina y por estos días impulsa un trabajo sobre los nuevos imanes migratorios.

La Nacion la entrevistó en forma telefónica en su estudio, en Washington, desde donde se conecta en forma diaria con estadounidenses que viven en Buenos Aires y en Pekín.

Las mayores comunidades de norteamericanos en el exterior están en México y en Canadá, con más de dos millones cada uno, seguido por Londres y Berlín. Sin embargo, en 1999, el gobierno de los EE.UU. dejó de relevar cuántos eran los norteamericanos radicados en el exterior. Sólo se lleva un registro de quiénes trabajan para el Departamento de Estado, ya sea en las fuerzas armadas o en misiones diplomáticas.

"Antes de que se realizara el último censo, el año pasado, distintas organizaciones de expatriados en todo el mundo reclamaron ser censados; sin embargo, finalmente, se decidió excluir la recolección de esta información", explica Freidenberg. "Con lo cual, los datos se obtienen por ONG que agrupan a los inmigrantes", explica la investigadora.

Las cifras de la embajada de los Estados Unidos en la Argentina señalan que en la Capital viven unos 23.000 norteamericanos. Sin embargo, según la investigación de Freidenberg, son más de 60.000 norteamericanos en el país. En Pekín, son unos 10.000.

"Lo que ocurre es que la mayoría de ellos no tramita la nacionalidad, sino que simplemente cruza a Colonia, Uruguay, cuando se le vence el permiso de permanencia como turista. Otros, directamente no salen, porque saben que es muy poco probable que vayan a tener problemas para moverse en la ciudad por permanecer como turistas", explica la investigadora.

Este movimiento migratorio hacia Buenos Aires comenzó en los años de la poscrisis de 2001: tras la devaluación y hasta 2004, llegó la primera camada, aquellos que vinieron atraídos por el tipo de cambio, aprovechando la oportunidad para conocer. Pero, dos años después, comenzó a consolidarse la tendencia: creció la cantidad de norteamericanos que habiendo conocido la ciudad, decidieron establecerse aquí. Por eso el número de ciudadanos estadounidenses que solicitan radicarse en el país viene creciendo sistemáticamente desde 2004 a esta parte, pese a que son un porcentaje menor los que realizan este trámite.

Cuatro clases de personas
"Hay cuatro grupos principales de inmigrantes", detalla la investigadora. Primero, los jóvenes que llegan como parte de un plan de intercambio estudiantil y deciden quedarse. Muchos de ellos reciben dinero de sus familias en el exterior y al multiplicar ese ingreso por cuatro, más algún ingreso adicional que consiguen dando clases de inglés, pueden sobrevivir sin problemas.

El segundo grupo es similar en edad: vienen a hacer una experiencia de vida o a tomar un año sabático. Estudiaron español en la universidad y leyeron cientos de artículos sobre lo maravilloso que es Buenos Aires. San Telmo y Palermo son las zonas más elegidas por este grupo y ellos suelen trabajar en call centers operados desde la Argentina para la atención al cliente en países de habla inglesa.

"El tercer grupo corresponde a profesionales de entre 35 y 45 años que quedaron varados por la recesión en los EE.UU. y que descubren que su título cotiza mejor en la Argentina", explica Freidenberg. Muchos de ellos consiguen puestos en multinacionales o se lanzaron a invertir con un emprendimiento de menor escala en el mercado local.

El último grupo que distingue la investigadora corresponde a jubilados norteamericanos. Personas de más de 65, de clase media. "Significa que pueden convertir su casa y auto en capital para comprar lo mismo en Buenos Aires. Pero saben que con el dinero de su jubilación en dólares pueden tener un mejor nivel de vida en la Argentina que en los EE.UU.", explica la investigadora.

CLAVES

60.000
Son los norteamericanos que residen hoy en la ciudad, según una investigación. La embajada norteamericana en la Argentina calcula que son 23.000.

Octavo
Ese es el puesto que ocupan los norteamericanos en el ranking de nacionalidades que más solicitudes de radicación presentaron desde 2004.

sábado, 23 de abril de 2011

El día en que los turistas se sintieron gobierno.

Visitar la Casa Rosada, toda una atracción

Aunque muchos porteños escaparon de la ciudad aprovechando los feriados de Semana Santa, Buenos Aires está llena de turistas del interior y extranjeros, que ocupan el 80 por ciento de las plazas hoteleras de establecimientos de 4 y 5 estrellas.

Ayer, pese a la amenaza constante de lluvia, que se materializó en algún que otro chaparrón y en una llovizna persistente, los turistas pasearon por los puntos estratégicos y coparon, entre otros centros de atracción, la Plaza de Mayo y la Casa Rosada que, como sucede todos los fines de semana y feriados, abrió sus puertas al público en un tour que dura 30 minutos.

Muchos visitantes, queriendo emular a algún político argentino, salieron a saludar a unos de los balcones, mientras que otros comentaban la belleza arquitectónica del palacio y los detalles de la ambientación.
Después del paseo por la Plaza de Mayo, que también incluyó una parada obligada en la Catedral Metropolitana desde donde en horas de la noche partió el Vía Crucis porteño, varios turistas optaron por el shopping y el paseo por la peatonal Florida.

Otro recorrido imperdible para muchos de esos visitantes fue la Feria del Libro, a la que llegaron para interiorizarse de las últimas novedades en materia literaria y, además, disfrutaron de las charlas que varios autores ofrecen para el público.

Palermo, San Telmo y Recoleta fueron otros de los barrios atestados de turistas. Con ofertas gastronómicas muy tentadoras que hacían imposible sentarse a la mesa no bien se llegaba al lugar, el almuerzo se extendió hasta bien entrada la tarde.

Las promociones para comprar indumentaria también fueron aprovechadas por varios turistas que salían de los locales con no pocas bolsas. A la noche, los espectáculos de la calle Corrientes fueron un imán para los extranjeros, que se deleitaron con las propuestas de la abundante cartelera porteña.

“Buenos Aires es inexplicable, te enamora y no sabés por qué”

Vivió en París, Londres y su Montevideo natal, donde tuvo un gran amor. Pero dice que le es fiel a su alma porteña.
 
 CHINA ZORRILA. ACTRIZ. A LOS 89 AÑOS, ESTRENO OBRA EN EL TEATRO DEL GLOBO. 
Abre las puertas de su casa y recibe con pura ternura. China “es” pura ternura. Y resulta que, además de ser la señora actriz del Río de la Plata, la mujer que pisó mil escenarios durante toda su vida, la de aquellas frases inolvidables en la pantalla grande, y la única que fue capaz de fastidiar con mucha gracia a Mirtha Legrand, también es una buena anfitriona. El café favorito hoy se toma en su casa: y ahí está ella, tierna y serena, para hablar de la vida, del amor, de los miedos por lo que vendrá y también del trabajo. ¿Se puede trabajar a los 89 años? Para China Zorrilla (que se estira para redondearse en los 90 en cada charla) parece que sí, y que hasta resulta una buena terapia en el mejor lugar del mundo: el escenario. Desde la semana pasada China hace “Las d´enfrente” en el Teatro del Globo. Y dice que le gusta mucho.

¿Por qué la disfruta tanto?
La obra es cómica, divertida ¡y es muy graciosa! Y el teatro estalla en una gran carcajada con la última frase que dice una de “mis hijas”. ¡Es tanto lo que se ríen que no les importa el final!
China ríe, pero también está preocupada por su agenda. Está con el estreno, muchas entrevistas, y eso la mantiene ocupada y entretenida, pero también un poco cansada. Hoy tiene la casa llena de adornos, de rico perfume y también hay un piano que le gusta tocar. “Lo toco mal, pero qué importa, toco lo que me divierte a mí”, dice, y ríe.

Flor, su perrita yorkshire, ronca detrás de la mesa. Del otro lado, hay un estante que le dispara varios recuerdos: primero repasa los años que vivió en París (“París es toda mi niñez”), después recuerda su amor por su Montevideo natal (donde creció en una familia patricia y actuó todos los clásicos de las tablas), y también aquel que la hizo sufrir por un montevideano que le rompió el corazón (“Me enamoré perdidamente. El era algo impresionante. Cuando salíamos la gente se daba vuelta a mirarlo, las mujeres comentaban con sus maridos. Pero se murió a los 26 años. Y cuando murió salió en un diario de París “hoy murió en Montevideo el hombre más lindo del mundo”), lamenta. Y antes de hablar de Buenos Aires (“yo nací porteña”, dirá), le dedica varias sonrisas a Londres, donde fue becada por el British Council para estudiar en la Royal Academy of Dramatic Art. “Cuando llegué me di cuenta que no hablaba inglés y terminé recitando un poema en francés en la audición. Los ingleses se mataban de risa, creían que era un chiste”, recuerda.
Y quiere hablar de amor. Y justo ella, que siempre fue la heroína de las solteras, la primera en defender su derecho a esperar el amor verdadero más allá de la edad, ahora dice que está arrepentida. “En el fondo tengo la idea de que no me casé y que estoy sola en el mundo. Tuve cuatro hermanas mujeres y ellas no saben que yo las envidio porque tuvieron marido. Pero igual cuando ‘el que te dije’ me diga ‘se terminó la farra’ yo me voy a ir muy contenta. Tuve la vida que quería. No me casé, ni tuve hijos, pero hice muchas cosas. Viví con mayúsculas y ahora estoy en la dulce espera. Pienso siempre en la muerte. Sin embargo no hay otra que esperar. Mientras tanto tuve suerte en la vida. Fui feliz”.

Y ahora sí, con Flor encima, y el piano cerca, habla de Buenos Aires. “Hace 20 años que vivo en esta misma cuadra de Recoleta, los vecinos me conocen, me dicen que me ven en la tele y hasta me piden que les cuente el final de la novela. Esta calle es como un barrio. Mis amigas coquetas me quieren llevar a Palermo ¡pero yo no quiero! Es cierto: no sé cómo viví en otras ciudades, pero tampoco sé qué es lo que me gustó tanto de Buenos Aires. Es inexplicable, es como cuando te enamorás, que no sabés por qué es”, dice China. Y antes de acompañar a la puerta regala una más de las suyas: “Siento que Buenos Aires es como mi casa, una casa más grande que la de antes. Y que la calle en la que vivo se llame Uruguay es un hermoso chiste. Era como si me estuviera esperando”, celebra.

Un nuevo hotel de lujo

Ofrece cavas de vino en cada cuarto

TODO EN UNO. LA BAÑERA DE CALDEN, EN PRIMER PLANO, INTEGRADA A LA HABITACION.

TODO EN UNO. LA BAÑERA DE CALDEN, EN PRIMER PLANO, INTEGRADA A LA HABITACION.
Un nuevo hotel de lujo ofrece cavas de vinos en cada cuarto Ampliar
Un nuevo hotel de lujo ofrece cavas de vinos en cada cuarto

Un sistema de frío recorre los 12 pisos para que en cada habitación funcione una cava personal con una selección de vinos tintos, blancos y champagne y desde el dispenser se pueda servir una copa en cualquier momento a la temperatura justa . Eso, en un nuevo hotel de lujo –el primero que se anima a sumar al vino a su propuesta–, de la mano de una familia emblemática, los Catena. Eso, sin desmerecer otras condiciones: todo está pensando para el bienestar en una propuesta que va de la artesanía a la tecnología.

En los próximos días abre MIO Buenos Aires, en Quintana entre Callao y Ayacucho, propiedad de César Catena, el primo de Nicolás, hacedor de los Catena Zapata, la bodega que recientemente visitó Bono, cantante de U2.

César tiene la propia –Alfredo Catena– y llevó su pasión más allá: compró centenarios toneles de roble francés para hacer la puerta principal de entrada de 6 metros de altura y la de cada una de las, amplias, 30 habitaciones.

Para las bañeras –que están integradas a las habitaciones– usaron caldenes de 200 años de antigüedad. Son imponentes, piezas enteras: un árbol por cada bañera. Fue otra idea de Catena, tras el incendio en su campo en La Pampa. Y un artesano, Mario Dasso, talló las 26 bañeras, todas artesanías únicas, que luego fueron sometidas a un proceso de impermeabilización.

Detrás de todos los detalles, preparando la apertura está Cristina Catena, la esposa de César. “Queremos que el huésped se sienta en un lugar único y que nos recuerden”, explica. Por eso se llama MIO y lo definen como una “fusión de atrevido diseño, confort y meticuloso servicio, con la última tecnología disponible”. Tiene 30 habitaciones con tarifas que irán, en la promoción de los primeros días, entre los 350 y los 700 dólares la noche (www.miobuenosaires.com) Y la tecnología recorre ambientes y por Wi-Fi el aire del hotel. Llega incluso hasta el restaurante, que será la segunda sucursal en la Ciudad de To, creación de Toufic Rueda, el primero que trajo un kaitén –la cinta transportadora de sushi– a la Argentina. Ahora habrá iPads en las mesas para que los comensales puedan elegir su comida en una carta virtual.

En Federico Lacroze surge un nuevo polo gastronómico

 La mayoría son casas de té y cafeterías que abrieron en los últimos 5 años y ofrecen pastelería gourmet. Si se suma a los de las calles aledañas, el número de opciones sube a 28. En 2001 había 4. Trece locales en apenas 3 cuadras de la avenida .


En apenas tres cuadras, entre Cabildo y la calle Villanueva, la avenida Federico Lacroze es el paseo de las tentaciones . Hay trece locales que ofrecen exquisiteces, como tortas artesanales, tés y cafés gourmet. La mayoría abrió en los últimos cinco años y el lugar se convirtió en un nuevo polo gastronómico de la Ciudad.

Los comerciantes anticipan que, próximamente, los dueños del reconocido Sucre apostarán a la avenida para su primera sucursal (estará al 2100). Y al mismo tiempo, el fenómeno se irradia hacia Luis María Campos, que empieza a funcionar como un corredor conectado con La Imprenta y Las Cañitas. Por ejemplo, en dos restaurantes que llegaron en los últimos meses: Doppio Zero, en Soldado de la Independencia al 1200, y Morriña, en Olleros y Luis María Campos. En total, la zona nuclea 28 negocios, que en su mayoría se instalan en viejas casonas.

Tal vez la proximidad del local de Maru Botana, que está en 11 de Septiembre 982, haya tenido que ver. “En los últimos cinco años se pusieron de moda las confiterías para charlar, tomar té o café, o almorzar.
Todo está en tres cuadras . Hay para elegir y todos los locales están llenos”, confirma Manuel Mel, de la inmobiliaria Raúl Mel, que vio crecer la zona. “ Lacroze cambia mucho a partir de Cabildo –explica–. Es más vistosa y tiene edificios residenciales con gente a la que hay que abastecer. Y es el punto de encuentro de las madres que van a buscar a los chicos a los colegios de la zona”.

Una de las pioneras fue la cafetería Dolcetto, en Federico Lacroze 2117, especializada en pastelería artesanal, y que abrió en 2001 . “En esa época, en Federico Lacroze entre Cabildo y Libertador había cuatro negocios gastronómicos ”, cuenta Juan Manuel Angio, su dueño. Y revela: “El público local generalmente va a las franquicias, así que la mayoría de nuestros clientes son personas que trabajan en el área. Por eso hay más movida de gastronomía diurna”.

Con exhibidores que atraen con brownies rebosantes de dulce de leche y merengue italiano o relucientes cheesecakes, desde 2007 Ianes apostó por la tradición del té. “Cuando abrí el negocio, casi no había locales para tomar el té –recuerda su dueña, Magalí Malatialian–. Como ésta es una zona residencial, pensé que nuestra propuesta de pastelería podía funcionar. Y la respuesta fue positiva. Siempre vienen los mismos clientes, pero a partir de que empezó a haber más lugares para elegir también llega gente que viene a tomar el té en la zona”.

Estos pequeños cafés conviven con Tea Connection, que desembarcó hace tres meses en Federico Lacroze 2233. O con la megacadena Starbucks, que tiene un local en Federico Lacroze y 3 de Febrero.
A una cuadra, desde diciembre de 2009, se abre paso otra cafetería y pastelería que apunta a los vecinos del barrio a fuerza de cheesecakes y chocotortas: Central Cook. Su dueña, Julieta Comissoli, cuenta: “En esta esquina había una casa vieja donde funcionaba la confitería Le Bonheur. Pero cerró y estuvo vacía tres años. Cuando empezamos, en diciembre de 2009, había poco en la zona. Ahora creció mucho. El problema es que hay más de lo mismo: todas son confiterías”.

Los dueños de La Tartana entendieron la falta de variedad y abrieron un local de comida saludable en Federico Lacroze 2230. “La zona nos interesó porque tiene oficinas y colegios –señala Mirna Silva, una de las socias–. Ofrecemos comida preparada por nutricionistas para celíacos, diabéticos e hipertensos y baja en calorías”.

Otra opción es la de Cuatro Quesos (en Lacroze 2344), una suerte de almacén gourmet. O la de Chocolates Tikal. De a poco, los restaurantes crecen. Desde hace años resiste Los Chinos, al 2100. Y en la esquina de 11 de septiembre está Calcio. También hay pizzerías, como Pizza Bum o Forrest Gump, ambas al 2300.

jueves, 21 de abril de 2011

El habla de los porteños: copado chamuyo autóctono

El lenguaje es un hijo mutante de su época. La Babel porteña amasa su decir con vocablos nacidos por grupos de edad, por origen, por oficio, por sector social. El tiempo los olvida o los convierte en patrimonio común.



Recordaba aquellas ho­ras de garufa cuando minga de laburo se pa­saba, meta punguia, al codillo escolaseaba y en los burros se ligaba un metejón; cuando no era tan junao por los tiras, la lan­ceaba sin tener el manyamiento, una mina le solfeaba todo el vento y jugó con su pasión." Es un frag­mento de tango "El ciruja", que Er­nesto de la Cruz y Francisco Alfre­do Marino compusieron en 1926. La canción es uno de los ejemplos más acabados del lunfardo en el género, con más de 30 voces en toda la obra.

Luego llegó el lirismo de Ho­mero Manzi, Enrique Santos Dis­cépolo y Cátulo Castillo. Pero esos términos daban cuenta del habla de los porteños; de esos tipos que -nunca más cabal la expresión- descendían de los barcos y llega­ban a una ciudad en plena ebulli­ción. Ahora, cuando el siglo XXIestá haciendo sus primeros palo­tes, ¿cómo cambió la forma en la que hablamos los habitantes de esta urbe? ¿Qué influencia tienen Twitter, Facebook, los mensajes de texto y otras tecnologías en la economía del lenguaje? ¿Aca­so aquellos grupos de malevos no pueden con justicia considerar­se una "tribu urbana" de aque­llos años?

Periodista y miembro de la Academia Porteña del Lunfardo, Marcelo Héctor Oliveri cree ne­cesario definir qué es el lunfardo. "Es un conjunto de palabras que utilizamos los hablantes riopla­tenses, en oposición a los térmi­nos establecidos. Hay gente que piensa que el lunfardo es hablar al revés o un lenguaje tanguero, de marginales y carcelario. Y tie­ne una relación con la inmigra­ción, con los términos que traje­ron nuestros abuelos y bisabuelos desde Italia, España, Turquía y muchos otros países. Además, cada lugar tiene su regionalismo. En Buenos Aires, si alguien pide que le traigan el changuito, segu­ramente esa persona quiere ir al supermercado. En Jujuy, llamarán al pibe."

Oliveri hace una suerte de seguimiento personal de neolo­gismos en diarios y revistas. "Los viernes, compro el suplemento joven de Clarín. Ahí aparecen pa­labras que son tan lejanas para nosotros como el chino, pero al tiempo saltan a otras seccio­nes del diario y a los pocos me­ses la está usando Macri", ilus­tra. Cuenta que hace unos años leyó en una nota que un can­tante tenía que "bajar un cam­bio" y dejar las adicciones. Lue­go, el jefe del gobierno porteño la usaba para despotricar contra un opositor.

Petitero (habitués de los petit café), caquero (engreído), cheto y ¡qué plato! son expresiones que despertarían risas y acusaciones de antiguo o pasado de moda en quien las utilice. En cambio, esta­ría muy bien verse una peli el fin­de, si esa chabona que tanto me gusta no se ortiba, se copa y me da cabida.
"No me asusta que se creen todo el tiempo nuevas palabras porque el lenguaje es algo muy dinámico. Sí me preocupa que los chicos usen sólo entre 20 y 30 palabras, que el ‘nada' sea una de las tantas muletillas que desnudan falta de recursos para decir cosas. Sólo usan las pala­bras que escuchan y las repiten todo el tiempo. No leen, y eso sí es grave. Homero Manzi comen­zó a componer canciones a los nueve años. Hoy no hay muchos chicos de esa edad que tengan esas cosas para decir", analiza Olivieri.

Director del Departamento de Investigaciones Lingüísticas y Fi­lológicas de la Academia Argen­tina de Letras, Francisco Petrecca da un ejemplo muy cotidiano para graficar la forma de hablar de los porteños. "Cuando vivís en un barrio y te armás una rutina, to­más a lo sumo tres o cuatro líneas de colectivo. Y si te mudás, sumás otras tantas, pero no mucho más. Es una cuestión de como­didad. Hoy en día hablamos con muchísimas muletillas por pereza, por desconocimiento de otras vo­ces y porque es fácil. Es una fa­lencia que viene desde la escuela, una institución que muchas veces se plantea que lo bueno es no ha­cer nada novedoso y repetir lo ya dicho", critica.

Petrecca cree que, final­mente, es un tema de una libertad lingüística que no estamos ejerciendo. "Tene­mos la capacidad para ex­presarnos en diferentes registros del habla, con las múltiples posi­bilidades que nuestro idioma per­mite. Sin embargo, hoy todo es boludo y boluda. No me moles­ta la palabra; me molesta que se pierdan precisiones." Hay formas múltiples de llamar a un amigo y también de decirle que, en nues­tra opinión, es medio tonto.

Oscar Conde, licenciado en Letras, docente, ensayista y poe­ta, cree que los medios juegan un papel fundamental en la for­mación de neologismos. Y saca a relucir su lista de "palabras te­máticas".
"La revista dislocada comen­zó a usar la voz gorila; Niní Mars­hall dijo aquello de tarúpido por estúpido y Telecómicos, en los 70, acuñó el inoxidable pendor­cho. Más recientemente, algunas palabras aparecieron desde el programa de Tinelli, como con­chero o botineras. Pero hay un fenómeno que no ocurría antes: el uso se extiende rápidamente -quizás en menos de una sema­na- hacia el interior del país; la forma de hablar de Buenos Aires es una suerte de modelo que to­man, por ejemplo, en Salta o Ju­juy. Muchos puristas creen que el lenguaje del chat o el Twitter cambiará la forma de hablar. No lo creo. Un adolescente le escri­be a su novia por mensaje tkm, pero estoy seguro de que cuan­do la ve le dice te quiero mucho. Sí es preocupante la falta de vo­cabulario y que esas formas de escritura lleguen a la escuela. El chico debe poder diferenciar los dos registros."

Oliveri, de la Academia del Lunfardo, busca ser conciliador. Dice que a la fuerza tenemos que cambiar el habla por­que, caso contrario, que­damos afuera de las char­las. "Hace 20 años, no existía el chat, ni el e-mail y el mouse era el ratoncito de Disney. Ésta es el habla actual de Buenos Aires, nos guste o no. Algunas de estas nuevas pa­labras perdurarán y otras no. El lunfardo tiene muchas que aún tienen vigencia", dice. Mientras Marcelo habla, afuera de la Aca­demia, una mina y un chabón hacen cola en un local. Están buscando laburo. Andarán mal y sin vento.

Enrique Durán Redacción Z