Mostrando entradas con la etiqueta Barrios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Barrios. Mostrar todas las entradas

miércoles, 1 de febrero de 2012

Palacio Barolo, Otto Wulf y el Castillo de La Boca

Esas misteriosas torres que guarda la Ciudad.

Detrás de cada edificio suele haber una historia. Algunas pueden ser de lo más comunes; otras, apasionantes. Tanto que pueden disparar y echar a correr las más variadas y extrañas leyendas y mitos urbanos.
Sobre el Palacio Barolo se ha especulado mucho. Cuentan que esta obra maestra que se erigió en la Avenida de Mayo a principios del siglo pasado, mediante una excepción a los reglamentos que le permitió llegar a los casi 100 metros de altura, fue construida como un posible mausoleo para Dante Alighieri. Tal es así que dicen que está inspirado en su Divina Comedia. Creer o reventar. Vale la pena darse una vuelta por este primer rascacielos porteño diseñado por el arquitecto italiano Mario Palanti. La planta del edificio responde a la sección áurea y al número de oro. El alzado del edificio está compuesto por un basamento, un desarrollo y un remate en correlato con la estructura del poema: el Infierno, el Purgatorio y el Cielo. También los 22 metros que tiene coinciden con las 22 estrofas del poema. Y los 100 metros de largo del pasaje, que conecta una calle con otra, aluden a los 100 cantos de este clásico de la literatura.
Si uno entra al monumental espacio central, están en latín muchas estrofas de los versos. Y si miramos a la cúpula también podemos ver la figura del Dante y su amada Beatrice. Más allá de las huellas de la Divina Comedia que dejó Palanti en el Barolo, lo cierto es que su autor era un fascista convencido, con aspiraciones megalómanas. Y que su fantasía fue crear junto al Palacio Salvo, otro edificio con características similares que construyó en Montevideo, dos faros que iluminen y que marquen el portal de acceso del Río de la Plata.
Otra historia curiosa es la que le atribuyen al edificio Otto Wulf, en la esquina de Perú y la avenida Belgrano en el barrio de Monserrat. En el mismo enclave, donde hace poco anunciaron –no sin previa polémica– que instalarán una cafetería de la cadena Starbucks. Esta mole pétrea tiene en su piano nobile una serie de gigantes que parecieran sostener el cuerpo del edificio. Pero lo más curioso y significativo es su remate en dos cúpulas yuxtapuestas. La leyenda cuenta que su dueño fue don Nicolás Mihanovich, cónsul del Imperio Austrohúngaro, y que allí funcionó su delegación hasta 1918. En esta línea, las dos cúpulas representan al Kaiser Francisco José I, la más alta, coronada con un sol; y la otra, que tiene una corona y una luna que perdió, es la Emperatriz Isabel de Possenhofen, Reina de Baviera, Austria.
Sin embargo la arquitecta e historiadora Alejandra De Marco nunca se creyó el cuento. ¿Por qué entonces se llama Otto Wulf? De su investigación surgió que el nombre pertenecía al dueño real, un comerciante acaudalado de Hamburgo que se hizo millonario en la Argentina vendiendo durmientes de ferrocarril y, como hacían mucho los de su clase, lo reinvertían en ladrillos.
Otro condimento se le agrega a esta historia, ahora que está en debate qué se debe preservar y qué no. Para hacer este fantástico edificio, su arquitecto, el danés Morten F. Rönnow, se tuvo que cargar la famosa Casa de la Virreina Vieja, lugar donde vivió la esposa del Virrey del Pino. Fue una de las mejores casas que tenía la Ciudad de Buenos Aires y uno de los últimos ejemplos de arquitectura civil del siglo XVIII. Su gran novedad residía en que no tenía techo de tejas coloniales, sino que tenía azotea plana.
Más doméstica es la leyenda que circula sobre el Castillo de La Boca, en las intersecciones de la avenida Almirante Brown y las calles Wenceslao Villafañe y Benito Pérez Galdós. Los vecinos aseguran que el fantasma de la torre sigue paseándose por las habitaciones del edificio construido para María Luisa Auvert Aur- naud, una poderosa estanciera que lo habitó a principios del siglo pasado y luego lo dedicó a la renta. Resulta que Clementina, una bella pintora muy querida en el barrio, tenía su atelier en la curiosa torre proyectada por el arquitecto catalán Guillermo Alvarez; pero un día, misteriosamente, desapareció. Algunos dicen que se suicidó; otros, que fue empujada por unos duendes desde lo alto de la torre. Y quienes se inclinan por un final menos novelesco, aseguran que terminó sus días en un geriátrico. Lo cierto es que Enrique Cáceres, uno de sus actuales habitantes, asegura que suelen suceder cosas raras, hay cosas que desaparecen, otras sorpresivamente cambian de lugar. No obstante, afirma con una inquietante sonrisa, conviven lo más bien con los fantasmas y los duendes.

sábado, 21 de enero de 2012

MUSEO HISTORICO SARMIENTO


Inscripción a cursos y talleres 2012 - A partir del lunes 13 de febrero de 13 a 17,30 horas.


viernes, 20 de enero de 2012

El subte llegará a Recoleta en 2015

El subte llegará al barrio de Recoleta en septiembre de 2015. Así se desprende del cronograma de obras de extensión de la línea H, que hoy corre entre Parque Patricios y Once bajo el eje de las avenidas Jujuy y Pueyrredón, y en el futuro llegará por el Norte hasta la llamada plaza Francia y por el sur hasta Pompeya. En ese trayecto sumará estaciones en las intersecciones con las avenidas Córdoba y Santa Fe, y en plaza Las Heras.


Se trata de una línea clave para conectar la red de subtes, porque actualmente ya se cruza con las líneas A, a la altura Rivadavia, y con la B, a la altura de Corrientes, y luego permitirá también una unión con la línea D, a la altura de la avenida Santa Fe, y otra con la E. De este modo, los vecinos podrán viajar en subte desde el barrio de Núñez hasta el de Parque Patricios, o desde Belgrano hasta Flores, entre otras opciones hoy imposibles.


En total, la línea H crecerá cuatro kilómetros. Con una inversión oficial de 2227 millones de pesos, una UTE conformada por Techint y Dycasa, se construirán las estaciones Córdoba, Santa Fe, Las Heras y Plaza Francia, y las estaciones Sáenz y Pompeya hacia el Sur.


Actualmente ya está en ejecución la estación previa a estas dos últimas, Hospitales, con fecha de inauguración para mayo próximo. La estación toma su nombre de los centros de salud cercanos, Churruca y José Pena. Durante este año, también se habilitarán las paradas San José de Flores y San Pedrito, de la línea A, y Echeverría y Juan Manuel de Rosas, de la línea B.


INAUGURACIÓN SIMULTANEA


Las seis estaciones de la línea H cuyo lanzamiento encabezó ayer el jefe de gobierno, Mauricio Macri , serán estrenadas todas juntas, y no por tramos, como se hizo anteriormente en esta y otras líneas de la red. "El plazo de ejecución son 43 meses. Tenemos previsto habilitar las nuevas paradas en septiembre de 2015", confirmó a LA NACION el presidente de Subterráneos de Buenos Aires, Juan Pablo Piccardo.


Hasta entonces, sólo durante 2012 una veintena de obradores serán montados y desmontados sobre la avenida Pueyrredón, entre Libertador y Córdoba, para el ingreso de los camiones que retiran la tierra de la excavación del túnel y para mantener ventilado el ducto subterráneo.


La obra arrancará desde el Bajo, por eso actualmente el único obrador instalado es el situado sobre la plaza Intendente Alvear, más conocida como plaza Francia, donde ayer el jefe de gobierno hizo la presentación pública de las obras. Esta situación obligó a desplazar a la tradicional feria artesanal que allí funciona.


El despliegue de obradores ocupará parcialmente la avenida Pueyrredón, de doble mano, con los consecuentes trastornos para el tránsito vehicular.


DESVIOS RECOMENDADOS:


Por eso, desde la Subsecretaría de Transporte y Tránsito recordaron ayer que, para evitar eventuales embotellamientos, los autos particulares pueden tomar como vías alternativas: Anchorena y Ecuador, en sentido hacia Once, y Larrea, en sentido hacia Libertador. En tanto, los colectivos seguirán circulando por Pueyrredón, sin alterar su recorrido habitual.


Una vez concluidas las obras, la línea H tendrá una extensión total de 10 kilómetros en 14 estaciones y se prevé que llegará a movilizar diariamente alrededor de 300.000 personas. Hoy, los usuarios emplean la línea, entre Parque Patricios y Corrientes, a lo largo de siete estaciones: Parque Patricios, Caseros, Inclán, Humberto I, Venezuela, Once y Corrientes.


Para alimentar una línea con demanda creciente, durante noviembre se abrieron los sobres de una licitación para la compra de 102 coches para la línea H, equipados con aire acondicionado y cámaras de seguridad.


La futura cabecera norte de la línea (Plaza Francia) recogerá al público asistente a la Facultad de Derecho, al Museo de Bellas Artes, al Centro de Exposiciones de la Ciudad, al shopping Buenos Aires Design y a otros lugares de interés cultural existentes en ese rincón de Recoleta. Por el Sur, la cabecera Sáenz permitirá el acceso al subte a los pasajeros que llegan desde los partidos bonaerenses de Lanús y Lomas de Zamora en colectivo por el puente Alsina y a los usuarios que ingresan en el ferrocarril Belgrano Sur desde La Matanza.



miércoles, 11 de enero de 2012

lunes, 22 de agosto de 2011

EL BAR DE BARRACAS DONDE TOMAR UN CAFE ES COMO VIAJAR EN COLECTIVO

SUEÑO CUMPLIDO. EL DE DANIEL PEREZ CON SU BAR DE MONTES DE OCA 1440, EN EL QUE TIENE LA TROMPA DE UN 39.

SUEÑO CUMPLIDO. EL DE DANIEL PEREZ CON SU BAR DE MONTES DE OCA 1440, EN EL QUE TIENE LA TROMPA DE UN 39.




El hombre fue criado entre colectivos. Su padre y sus seis tíos manejaron uno y ese fue también su destino. Fanático de la historia del más porteño de los medios de transporte, Daniel Pérez regentea “Viejo Bondi”, un bar temático ubicado en Montes de Oca 1440, en Barracas. Butacas de colectivo en lugar de sillas, la trompa de un antiguo Mercedes Benz de la línea 39 en una pared, pasamanos nacarados en la puerta de entrada, faros antiguos y fotos históricas componen un escenario que remite al interior de un viejo colectivo , de los de antes. De la época en la que no existían las máquinas expendedoras de boletos y menos aún las lectoras de tarjetas electrónicas. De cuando el chofer, además de manejar, pasaba los cambios en una caja manual, cortaba boletos, daba el vuelto y abría y cerraba las puertas tirando de una palanca metálica.

Como el dulce de leche y la birome, el colectivo es motivo de orgullo hecho in Argentina . Pero para Daniel Pérez los colectivos son, además, parte de su propia historia de vida. Una historia que comenzaba a escribirse cuando él aún era un niño.

Hay en el local una foto que registra un momento que se repitió muchas veces a lo largo de su infancia: al costado de una ruta y junto a su padre. “Creo que éste fue un viaje que hicimos a Mendoza. Pero en realidad nos recorrimos el país ‘ablandando’ los motores de los colectivos”, recuerda de la época en la que había que salir a manejar cientos de kilómetros antes de poner a trabajar la unidad. Con orgullo, cuenta que también sus seis tíos paternos fueron choferes de la línea 39. De alguna manera, los Pérez impulsaron el desarrollo de las empresas de colectivos, ya que muchas de ellas nacieron como pequeños emprendimientos familiares .

A los 17 años Daniel Pérez ya trabajaba en la cabecera de la línea 39. Allí controlaba las salidas de las unidades. Después abrió un bar en la terminal y finalmente, a los 24, comenzó con el oficio para el que parecía estar predestinado: empezó a manejar uno de los internos de la línea. También fue inspector, secretario y presidente de la compañía, pero siempre tuvo en mente volver a la gastronomía; y lo hizo con “Viejo Bondi”, un sueño de toda la vida cumplido a los 52 años .

“Mi historia está inevitablemente ligada a los colectivos y me gusta todo lo que se relaciona con el oficio. Sin embargo, no deja de sorprenderme la cantidad de personas que vienen acá y, sin tener vínculo directo con el tema, se manifiestan como fanáticos o sabelotodos”, cuenta Daniel en su encuentro con Clarín .

En la charla, sus anécdotas personales se mezclan con la historia del colectivo.

Muestra una foto de 1929, en la que un grupo de hombres rodea a lo que fue la primera versión de un bondi: el taxi-colectivo. Nació como alternativa para paliar la falta de trabajo de los taxistas, así subían a varios pasajeros en el mismo auto. El primer taxi-colectivo partió el 24 de setiembre de 1928 desde la esquina de Rivadavia y Lacarra.

En “Viejo Bondi” también hay espacio para un foto que dispara un recuerdo doloroso: “En los 40 comenzó a funcionar un ente del Gobierno que incautaba los colectivos y las familias estaban obligadas a entregarlos. La idea era que el servicio lo ofrezca el Estado, pero era algo compulsivo. Muchas familias se fundieron y abandonaron para siempre el oficio”, cuenta. Y rememora otro momento complicado: “Durante la Segunda Guerra Mundial no había caucho y no llegaban los neumáticos, así es que a los colectivos se les colocaban ruedas de tranvía y los hacían correr sobre los rieles que había en la Ciudad”.

Y hay más de estos relatos. Todos, de alguna u otra forma fueron parte también de su historia familiar y están presentes en su bar temático.

sábado, 21 de mayo de 2011

La Fuente Monumental "Las Nereidas" cumple el sábado 108 años desde su construcción.

 La obra de mármol realizada el 21 de mayo de 1903 se encuentra ubicada en la Costanera Sur de la Ciudad.

                              


La creación representa a las nereidas asistiendo al nacimiento de la diosa Venus y fue realizada por la escultura argentina Dolores Mora de Hernández en mármol blanco de carrara.
La Fuente construida en Roma a pedido del intendente de la ciudad de Buenos Aires, Adolfo Bullrich, fue trasladada a Buenos Aires en pequeños trozos que luego fueron armados.

En un principio, la obra debía ir ubicada en Plaza de Mayo, donde actualmente se encuentra la Pirámide de Mayo, pero la polémica causada por estas compuesta por figuras desnudas provocó que se armara en otro lugar. Así fue que el 21 de mayo de 1903 se inauguró en el Parque Colon, en lo que era la intersección del Paseo de Julio, actual Avenida Leandro N. Alem con la calle Cangallo, hoy Juan Domingo Perón, cerca de la Casa Rosada.

Igualmente, los grupos moralistas, no conformes con el lugar, continuaron haciendo presión hasta que fue trasladada frente a la entrada sur de la Reserva Ecológica, en esa época, alejado de la urbanización.
Sin embargo, en 1997, el Poder Ejecutivo Nacional la declaró Bien de Interés Histórico Nacional.
El monumento, de filiación renacentista y formas y texturas de estilo barroco, representa el nacimiento de Venus. Se halla realizado en mármol blanco y su base representa una gran valva de molusco rodeada de tres grupos formados cada uno de ellos por un magnífico corcel sumergido en el agua de la valva. Cada animal es sostenido por la brida por un atlético varón desnudo. Pero en un acto de vandalismo las bridas fueron rotas y reemplazadas por sogas. Estos varones son los tritones, servidores del cortejo de Poseidón. En la valva se levanta un pilar de roca rústica sobre la que se arrodillan dos nereidas desnudas o sirenas que sostienen una valva pequeña. Sobre ésta se encuentra sentada la Diosa Venus representada por otro desnudo femenino. El espejo de agua de la fuente que rodea el conjunto refleja todo el motivo.

Una casa y una historia de amor

Una casa y una historia de amor 

En Barracas y en la Ciudad es muy conocida la trágica historia de Felicitas Guerrero, aquella joven viuda asesinada por un pretendiente despechado y que originó una leyenda. Pero en ese barrio, otra leyenda también evoca el triste final de una vida breve aunque llena de una carga quizá mucho más romántica: la de Elisa Brown, la hija mayor del máximo héroe naval de los argentinos, el almirante Guillermo Brown.

Elisa había nacido el 31 de octubre de 1810 en Inglaterra y, junto con sus padres, vivía en la famosa Casa Amarilla que la familia tenía en las cercanías del actual cruce de la avenida Martín García y Bolívar, a metros de donde hoy está el Parque Lezama. Por eso es que esa zona vecina aún sigue conociéndose con esa denominación. La Casa Amarilla que ahora se ve sobre la avenida Almirante Brown es una réplica de aquella residencia, entonces cercana al río.

Con apenas 17 años, la adolescente (con autorización de sus padres) inició un noviazgo formal con un joven, siete años mayor, que frecuentaba la residencia. Se llamaba Francis Drummond, había nacido en Escocia y era uno de los oficiales de la joven armada nacional que lideraba Brown. Dicen que la alameda que rodeaba la casona fue el escenario para aquel romántico encuentro entre esa chica de impactantes ojos azules y el apuesto marino. Cuando ocurrió la tragedia, Drummond ya se había destacado en combate, peleando en la batalla de Juncal. Eran los tiempos de la guerra con el Imperio del Brasil y los marinos argentinos derrochaban heroísmo en cada acción. Para entonces, el oficial ya tenía el grado de mayor y estaba al mando del bergantín Independencia.

Entre el 7 y el 8 de abril de 1827, frente a la Ensenada de Barragán cuatro naves argentinas enfrentaron a una veintena de barcos de la flota imperial. Se lo conoce como el combate de Monte Santiago y fue la mayor derrota naval argentina de ese momento histórico. Pero no estuvo exento de heroísmo, entre cuyas acciones se destaca lo hecho por Drummond quien, con su barco varado, muy averiado y después de agotar sus municiones, llegó en un bote hasta la goleta Sarandí para buscar reponerlas y volver a su nave para seguir combatiendo. Para entonces ya estaba herido: una esquirla de cañón le había volado una oreja. Fue allí que recibió la herida mortal que terminaría con su vida.

Drummond murió en los brazos del almirante Brown, quien luego le dio la mala noticia a Elisa, junto con el anillo que su amado, en su agonía, había pedido que le entregaran. A él lo enterraron con los honores correspondientes a un héroe (una calle lo recuerda en Nueva Pompeya). Ella lo soportó con estoicismo, pero ya había perdido su sonrisa para siempre.

Ocho meses después, el 27 de diciembre de ese mismo año, Elisa Brown murió ahogada en las aguas del río, en cercanías de la famosa Casa Amarilla. Dicen que había ido a bañarse junto con uno de sus hermanos y que una ola traicionera la atrapó en un pozo. La leyenda afirma que ese día era la fecha prevista para su casamiento y que, cuando murió, Elisa llevaba puesto un vestido de novia y aquel anillo. Y recuerdan que su muerte conmovió tanto a la ciudad que en su cortejo hubo unos 50 carruajes.

En Ruy Díaz de Guzmán, la avenida Martín García y la calle Pi y Margall, en Barracas, hay una pequeña plazoleta triangular que lleva el nombre de Elisa Brown. Un monolito de granito rojo alude a aquella Casa Amarilla. La placa de bronce que recordaba a la joven ya no está más. Cuentan que el almirante jamás pudo reponerse del lamentable final de la vida de su hija y que su tristeza se reflejaba muchas veces cuando lo veían, abrumado, con la mirada fija en el río. Pero esa es otra historia.

El Conventillo de la Paloma lucha para no desaparecer

 El mundo del viejo conventillo que inspiró el sainete de Vacarezza soporta hoy tensiones legales. Mientras los inquilinos buscan protección patrimonial, la obra vuelve a contar la vida inmigratoria. Inquilinos y herederos pujan por la histórica casa.

La entrada real. Está en Serrano 156. Allí viven hoy 17 familias, unas 50 o 60 personas, de otra ola de la inmigración. La original estaba compuesta por españoles, italianos, árabes y judíos que trabajaban en una fábrica 
Mientras los comediantes del Conventillo de La Paloma salen a escena, los habitantes del Conventillo de la Paloma vuelven a sus piezas después de sus trabajos y sus días arduos de Buenos Aires 2011.

Hay dos conventillos y uno es la representación del otro. En el Teatro Nacional Cervantes, una nueva versión de la obra de Alberto Vacarezza (de 1929) convoca a sala llena y el drama, con algo de circo criollo y patio de tango, configura el sainete, que no ha muerto y sigue bien vivo en la Ciudad. El otro conventillo, el de Serrano 156, es el real y el drama es una puja que no cesa. Sus habitantes pugnan por no ser expulsados de sus habitaciones . Hay herederos (falsos herederos, según los habitantes de La Paloma) que vienen persiguiendo su propiedad, y hay inquilinos del conventillo que, sin embargo, no pagan alquiler.
“Nosotros, los habitantes actuales, somos la continuidad de los antiguos inmigrantes, trabajadores como ellos, y luchamos para que esto sea patrimonio cultural”, dice Abel Acosta, morador.

La política está en el epicentro de todo. Fernando Pino Solanas y Claudio Lozano apoyan a los habitantes del conventillo y defienden su derecho a quedarse donde están, porque están defendiendo, de acuerdo a esa visión, un patrimonio que sostienen y al que le dan vida cotidiana.

De Buenos Aires, la Reina del Plata, la de los barcos que llegaban al Hotel de Inmigrantes, a Buenos Aires 2011, de piquetes, okupas y disputas por un lugar para vivir, la historia misma del Conventillo traza un arco que exhibe las dos facetas –¿antagónicas?–, de tiempos muy diferentes, aunque coincidentes en la aridez cotidiana de la vida misma.

Todo empezó, según cuenta Acosta, alrededor de 1888.

Había una fábrica de zapatos por allí cerca, en Villa Crespo. En la fábrica trabajan hombres solos, que llegaban solos desde ultramar: Italia, España, el Medio Oriente, Europa Central... Trabajaban 12 horas y volvían al conventillo que había sido rentado, o tal vez comprado por los dueños de la fábrica para que allí vivieran sus obreros. Eran hombres solos y entonces, en algún momento ya por los años 20, tal vez, a alguien se le ocurrió llevar una mujer al conventillo: la Paloma. Llegó desde los prostíbulos del Bajo. Y los hombres hacían cola para llegar hacia ella.

Pero no era solo sexo lo que buscaban, aunque buscaban sexo, claro está. Un conventillo de hombres era la perfecta “invención de la soledad” y La Paloma atraía con su cuerpo pero también enamoraba. Y los inmigrantes se enamoraban de ella y la querían de cuerpo y de alma también. Esa fue la historia y esa es la clave de la obra de Vacarezza, plagada de humor simple, de serenatas a la dama, que desde un altillo miraba a la cohorte de deseantes que iban en procesión pacífica y a veces belicosas para obtener su cuerpo y su utópico amor.

En ese entonces había 110 piezas en la vivienda colectiva de Villa Crespo. Era tan grande que había autos que podían surcarla de Serrano a Thames, porque la edificación iba desde una cuadra hasta la otra. Vivían unas cuatro o cinco personas por pieza. En total, y en años de furor demográfico, cuando ya los hombres habían traído a sus mujeres e hijos de sus tierras, llegaron a vivir 400 personas.

Había solo dos baños para todos ellos. Había más pendencia en la cola del baño que en el balcón de la deseada Paloma. Y había pocos criollos nativos.

Hoy viven 17 familias en el conventillo, unas 50 o 60 personas. Son inmigrantes, pero mayormente del interior, del noroeste especialmente. Hay algunos, pocos, bolivianos y paraguayos, Antes, las fiestas del conventillo cohesionaban y alegraban la vida dura. Antes llegaban los bandoneones y el tango se bailaba y coreaba con acentos de mil países, que al fin fraguaron el lunfardo. Hoy las fiestas siguen con el mismo espíritu porque la vida sigue tan dura como entonces, aunque con otros dramas. A veces, los sábados, a la puerta de Serrano 156 llegan las murgas y todos bailan y celebran. El Club Atlanta manda entre los habitantes del sitio y el sábado 7 de mayo, cuando salió campeón de la B, la fiesta fue de mate y murga, y de procesión futbolera de hinchas campeones que iban y venían por las calles del Villa Crespo y alegraron con el frenesí de la victoria, las piezas del conventillo, como si todos hubieran sido campeones ese día.

Dentro de las instalaciones del Club Atlanta hay una leyenda singular: “Atlanta jamás será vencido”. No es un enunciado fáctico, porque así en el fútbol como en la vida, se gana y también se pierde. Es un lema más profundo que puede trasladarse a muchas cosas. Por ejemplo a ese lugar donde La Paloma despertó pasiones, reyertas y amores imposibles.

Porque El Conventillo de La Paloma, jamás será vencido.

domingo, 15 de mayo de 2011

El perfil barrial de Villa del Parque

Villa del Parque, nuestro barrio, era tranquilo con calles limpias y frondosas arboledas, se podía escuchar todos los días y a distancia la campana de la Iglesia de Santa Ana, los zorzales, las calandrias y hasta horneros.

Hoy ya no es así. Sin comprender por qué, se están autorizando edificaciones por doquier (con la supuesta idea de que eso es progreso).

Por eso los vecinos de Villa del Parque que aún vivimos en casas bajas queremos llamar la atención. Lo que está sucediendo aquí es una muestra del descontrol sin escrúpulos de las empresas constructoras amparadas por las autoridades. Se aprueban megaobras que sólo dan sombra y destierran de por vida el verde y las aves.

Consideramos que tendrían que hacerse estudios de impacto ambiental y sobre el impacto en la ampliación de los servicios vitales (decreto 220/7) para no afectar la calidad de vida de todos y además se debería discutir con los vecinos todos estos temas de tanta importancia.

Esperemos que prevalezca la sensatez y cada día seamos más los que estemos luchando a favor de nuestros queridos barrios porteños.

sábado, 7 de mayo de 2011

En un sitio histórico de La Boca, un nuevo reducto tanguero

AVE TANGO. Abre sus puertas en el mismo lugar en el que estuvo el mítico teatro Dante Alighieri.
Abre sus puertas esta noche el Centro Cultural Ave Tango, en el sitio en el que estuvo emplazado el histórico teatro Dante Alighieri.06.05.2011
El emblemático barrio de La Boca tendrá a partir de esta noche un nuevo reducto tanguero: el Centro Cultural Ave Tango abre sus puertas con una programación que incluye a Noelia Moncada, Carlos Morel, Alberto Podestá y Luis Filipelli.

Ave Tango estará en Almirante Brown 1375, un sitio con historia. Es el lugar en el que en 1833 se había inaugurado el teatro Dante Alighieri, donde se montaban piezas en italiano. Demolido años después, en su reinauguración tomó el nombre actual.

Además de shows en vivo, el nuevo Centro Cultural tendrá clases de tango y milonga a cargo de los bailarines Gachi Fernandez, Alejandro Hermida y el músico Julián Hermida.

Para la inauguración de esta noche, se presentará a las 22 Noelia Moncada. El viernes próximo será el turno de Carlos Morel y el 27 de este mes estarán sobre el escenario Alberto Podestá y Luis Filipelli.

jueves, 21 de abril de 2011

La Boca: nieblas del Riachuelo

El viejo transbordador, los botecitos que aún llevan a la isla Maciel, las tiendas de ropa de trabajo, los conventillos: un territorio de la clase obrera.


Ya no hay carros que pretendan trepar al transbordador para cruzar hacia la isla Maciel. Los yuyos siguen carcomiendo el viejo puente de hierro inaugurado en 1913, y no hay señales de que vayan a reparar­lo a corto plazo. El sol de mediodía rasgu­ña a los pasajeros que esperan el colectivo. nodo de transportes ubicado en el cru­ce sinuoso de las avenidas Pedro de Men­doza y Almirante Brown, en La Boca, es ca­becera de la línea 152, a Olivos, y de la 46, a San Justo. Los tres puntos cardinales y, más allá, la salida al Río de la Plata. Un par de turistas desorientados se preguntan si pueden seguir tomando fotos allí donde el paisaje cambia. Hay colores, pero no tan­to. La zona comienza a tomar en este pun­to su verdadero sabor a barriada industrial deconstruida. Las marcas están a la vista: cintas continuas, los puentes que transpor­taron durante décadas a miles de obreros desde y hacia Avellaneda, y la descascarada tienda de ropa de trabajo. Rústicas Ombú y Pampero mezcladas con camisetas de Boca y de River, para el turismo. Cien metros más adentro, por Brown, el almacén naval y los piringundines. Sí, de los de antes. La parri­lla con Wi-Fi y a una cuadra, el taller de mo­tores transformado en bodegón.

Al pie del transbordador, el embarca­dero fluvial es testigo de todas las épocas. Los botes colectivos transportan a los pasajeros a la Isla Maciel. Un mi­nuto de viaje, un peso. No es ne­cesario llevar mo­nedas. Los botes funcionan entre las 6 y las 22. Exis­ten otras opciones para cruzar hacia la orilla de enfrente. En 2010, Vialidad Nacio­nal restauró a nuevo las escaleras mecáni­cas de acceso al puente Nicolás Avellane­da, inaugurado por el presidente Roberto Ortiz setenta años atrás. Agregaron ascen­sor para cuatro personas y pasarelas cerra­das con vista panorámica a toda La Boca. El paseo peatonal demanda diez minutos y el acceso es gratuito. Esta alternativa restó pasajeros a los botes. La otra posibilidad es cruzar en colectivo, algo más cómodo si se quiere saltear la isla Maciel y llegar directa­mente a Dock Sud. Las líneas indicadas son la 33 y la 159, más conocida como El Blan­quito. Del otro lado, en el Doque, hay una zona comercial muy activa y los frentes de chapa de los conventillos aparecen unifor­memente plateados. La orilla vecina desafía el colorido boquense.

Toda la zona de la Ribera sufrió una completa transformación en 1997, cuan­do se construyó la nueva rambla elevada poco más de un metro, que oculta el sis­tema de bombas de desagote. Desde en­tonces las inundaciones son un recuerdo, aunque para nada borroso. Los vecinos no olvidan la postal del remolcador que, arras­trado por la sudestada, fue a hacer compañía por mucho tiempo a los autos esta­cionados en la calle Necochea. La rambla arrancó la melancolía del paseo a pie sobre los adoquines, bordeando el agua. Y la fe­roz vuelta que acostumbraba dar el colec­tivo 20, acelerador a fondo, casi adherido a la línea del Riachuelo. Choferes más gua­pos, aquéllos.

Para sellar la tradición barrial, junto al viejo transbordador aparece el cuartel de bomberos. Destacamento La Boca de Bomberos de la Po­licía Federal lleva la batuta, junto al Cuartel IIIde Ba­rracas, a la hora de apagar incendios. ellos se suman los dos cuarteles de voluntarios, los rojos de Tomás Li­berti (Voluntarios de La Boca, fun­dado en 1889) y los verdeamarillos de Francisco Car­bonari (Voluntarios de la Vuelta de Rocha, 1935). Un viejo clásico de camisetas que se suspende en cuanto suenan las sirenas. Junto al pequeño destacamento de Brown y Pedro de Mendoza se realizan periódica­mente castraciones de perros y gatos a bajo costo, organizadas por proteccionistas. Po­cos barrios tan bicheros como La Boca.

A modo de final de recorrido, se invi­ta a ver dos películas argentinas que eligie­ron las inmediaciones del transbordador para rodar exteriores, previo a la construcción de la nueva rambla. Una de ellas es La Mary, dirigida en 1974 por Daniel Tina­yre. Ambientada en las décadas de 1930-1940, muestra el movimiento de camiones y chatas junto al puente Nicolás Avellane­da, sobre las calles empedradas de la orilla de enfrente. Y en la superproducción Gati­ca, dirigida por Leonardo Favio en 1993, la escena ambientada treinta años antes per­mite participar del cruce en bote hacia la Isla Maciel. Única ceremonia que el tiempo continúa celebrando.

DZ/km
Adriana Carrasco Redacción Z

Palermo Viejo

Aún conserva algunos rastros de lo que fue −un barrio tranquilo y bien arrabalero−, mezclados con tiendas de ropa, objetos y restaurantes de ultimísima moda. El resultado es lo más “cool” de Buenos Aires.


 
                               Café en una esquina de Palermo Viejo.
 
 
Parte integrante del inmenso barrio llamado Palermo (que incluye los parques y también el sector ultrachic llamado Barrio Parque o Palermo Chico, sede de embajadas y residencias de gran categoría), la zona en cuestión está limitada por las avenidas Santa Fe, Scalabrini Ortiz, Córdoba y Dorrego y dividida en dos por las vías del tren y el arroyo Maldonado que corre debajo de la avenida Juan B. Justo.

Hacia el norte, la instalación de un canal de televisión y unas cuantas productoras e islas de edición hizo que ese fragmento del barrio fuera denominado Hollywood, mientras que del otro lado de la avenida, continúa llamándose Viejo −pese a que muchos intentan llamarlo Soho, por su semejanza, dicen, con esa parte de New York−.


Según Jorge Luis Borges, vecino y prominente biógrafo del lugar, el barrio le debe su nombre a un señor siciliano, Domínguez de Palermo, dueño de un matadero de ganado cimarrón que en el siglo XVII, abastecía a la aldea que era Buenos Aires. En sus alrededores, las riberas del Maldonado eran buen refugio para contrabandistas, aunque básicamente se trataba de una zona de quintas.

Cuando el niño Borges se mudó al barrio, a comienzos del 1900, “en Palermo vivía gente de familia bien venida a menos y otra no tan recomendable. Había también un Palermo de compadritos, famosos por las peleas a cuchillo…”. El escritor vivió con su familia en Serrano 2147, en una casa que ya no existe −sólo una placa recuerda el sitio−, pero cuya ubicación no se olvidará: en esa manzana circundada por las calles Guatemala, Serrano, Paraguay y Gurruchaga ubica el origen de la ciudad en su poema Fundación mítica de Buenos Aires.

Dice el mismo Borges que, con el tiempo, las quintas fueron “pisoteadas por almacenes, carbonerías, traspatios, conventillos y corralones”, donde vivían quienes trabajaban en la parte más opulenta de Palermo. También abundaban las lecherías, cuyos dueños esperaban con sus carros la llegada del tren lechero en Godoy Cruz y Paraguay, todos los días, a las cinco de la tarde (esto ocurrió hasta bien entrado el siglo XX).

Pero vendrían otros cambios: uno, radical, fue la eliminación, en los 70 de una planta procesadora de gas que funcionaba en lo que hoy es la Plaza Palermo Viejo, de Armenia y Costa Rica. Diez años después, a mediados de los 80, comenzarían a llegar nuevos vecinos, familias de clase media alta, intelectuales y profesionales, en busca de casas más amplias, a precios accesibles en calles amplias y arboladas, donde los chicos pudieran jugar. En los 90 empezaron a instalarse los negocios, en las mismas viejas casas recicladas, como Cat Ballou (Costa Rica 4522), una tienda de decoración de las pioneras en la zona: ese estilo que alterna el respeto por los edificios originales con construcciones modernas que acatan la modalidad del barrio es el que prevaleció (con algunas excepciones) en los años sucesivos.

En la actualidad, Palermo Viejo es uno de los barrios más agradables de la ciudad para pasear, tomar algo, comer y hacer shopping variado pero con un denominador común: el diseño de alto nivel. Abundan los negocios de autor, ya sean de ropa o de muebles y objetos (y hasta de jabones como los Sabater Hermanos, en Gurruchaga 1821) y cuando no lo son, adaptan su propuesta a la onda del lugar, como ocurre con más de una cadena de ropa de marca.

No hay monumentos ni construcciones históricas para visitar: sí la lindísima Plaza Cortázar, en la intersección de Honduras y Borges, sombreada por las tipas y rodeada de bares (viernes y sábados el ambiente se torna un poco denso por la cantidad de gente que circula) y donde sábados y domingos hay una feria de artesanos. Muy cerca, tres pasajes: hacia Córdoba, el Soria, entre Gorriti y Honduras y hacia Santa Fe, el Santa Rosa (entre Honduras y El Salvador) y el Russel (entre El Salvador y Costa Rica), pacíficos y amables, de noche bellamente iluminados.

La mayor cantidad de tiendas y locales de ropa, decoración y accesorios están en el recorrido entre ambas plazas (Cortázar y Palermo Viejo), pero vale la pena extenderlo y descubrir sitios tan originales como simpáticos. De la oferta destacan la Papelera Palermo (Honduras 4943) y su Casa de Oficios (Cabrera 5227) una vieja casa chorizo bajo la sombra de un gigantesco palo borracho, donde muestran la trastienda del negocio papelero y se dictan cursos y talleres de papel artesanal, xilografía, encuadernación y juguetes.
De los viejos y humildes días del barrio quedan edificios, portones y molduras y el viejo Club Eros, en Honduras y Thames, que un grupo de muchachos milongueros inauguró en 1941. Funciona en lo que fue un antiguo inquilinato y tiene 150 socios que se niegan a vender el local y a perder su club. El modesto buffet, que abre mediodía y noche, es ahora frecuentado por jóvenes modernos y no pocos turistas.


Del otro lado de Juan B.Justo el panorama cambia ya que impera el circuito gastronómico. No resulta tan ameno para caminar, pero guarda interesantes lugares, como el Mercado de las Pulgas, en Álvarez Thomas y Dorrego, que ofrece muebles, objetos y utensilios viejos, antiguos y de segunda mano, entre los cuales a veces se puede encontrar algo interesante. A pocas cuadras de allí, en la esquina de Dorrego y Zapiola, el Predio del Centro Metropolitano de Diseño (conocido como El Dorrego) alberga ciertos fines de semana ferias de indumentaria, textiles, objetos de bazar, joyería y muebles (entre muchos otros productos) cuyos autores no frecuentan el circuito comercial habitual.

También de ese lado de Juan B. Justo conviven los negocios reciclados con los originales: así, los Hermanos Estebecorena (El Salvador 5960) armaron su local de ropa para hombres en lo que fue altri tempi una panadería, cuyos muebles y exhibidores adaptaron para su uso actual. A la vuelta, en Arévalo 1748, Elsi del Río, una galería de artistas emergentes, recuperó un viejo almacén del barrio para exhibir muestras de arte contemporáneo.

También de este lado quedan algunos pioneros: en Honduras y Bonpland, Emilio Sangil mantiene su viejo bar de gallegos, típico de la ciudad, tal como lo estableció hace décadas, en una muestra de resistencia verdadera al paso del tiempo. También le han ofrecido fortunas por su esquina que se niega religiosamente a vender.

Palermo Viejo tiene una abundante oferta de bed & breakfast, guest houses y hoteles (ver Hoteles), para instalarse allí unos días. También es posible conseguir en sus locales, los Mapas de Buenos Aires y Saber a dónde ir, dos publicaciones gratuitas con direcciones y planos de la zona y de todos sus locales.

Parques de Palermo

Encantador en primavera, refrescante en los cálidos veranos, es el paseo preferido de grandes y chicos.

 
                               El Planetario Galileo Galilei.
Es la zona verde por excelencia de la ciudad y se extiende desde la avenida Casares hasta la calle Monroe, en Belgrano, entre las vías del ferrocarril y la Avenida Libertador, aunque estas fronteras hagan excepciones con los jardines Zoológico y Botánico que llegan hasta Plaza Italia, el lugar más cómodo para acceder a estos parques a través del transporte público.

A mediados del siglo pasado, toda esa zona y sus inmediaciones −bañados, la costa del río− eran propiedad de Don Juan Manuel de Rosas, por entonces Gobernador de Buenos Aires: su casa estaba en lo que hoy es el Zoológico, en la esquina sudeste del cruce de Libertador y Sarmiento, justo donde actualmente paran los mateos, antiguos carruajes abiertos en los que se puede hacer una breve recorrida por el lugar.

En esa rotonda se levanta el inconfundible Monumento a la Carta Magna y a las Cuatro Regiones Argentinas, que el gobierno español donó a la ciudad en ocasión del Centenario, en 1910, y es conocido por todos como el Monumento de los Españoles.

Luego de la derrota de Rosas en la batalla de Caseros y su posterior exilio, su casa tuvo varios destinos hasta que terminó demolida: en 1870, el presidente Sarmiento determinó la creación de un parque, que llevaría el nombre de Tres de Febrero (fecha de este combate definitivo para la organización nacional), uniendo para siempre a víctimas y victimarios. Creado y diseñado por el paisajista y arquitecto francés Carlos Thays, se inaguró en 1875 y poco después se crearon el Jardín Botánico y el Zoológico (ver Niños).




El parque Tres de Febrero tiene 80 hectáreas que incluyen bosques, lagos y jardines de diversos estilos y hasta la fecha es el lugar preferido de los porteños a la hora de tomar sol, hacer algo de ejercicio o simplemente pasear los fines de semana. A principios de verano, cuando florecen los jacarandás, el paisaje alterna el verde con grandes manchones color lavanda en una de las más bellas imágenes que uno pueda llevarse de Buenos Aires.

De enormes dimensiones, el parque fue, en las primeras décadas del siglo XX, sede de algunos famosos lugares donde mandaba el tango, como Lo de Hansen (en las inmediaciones del Planetario) y el Armenonville (en Figueroa Alcorta y Salguero), hoy desaparecidos. El tango tuvo otra gran fuente de inspiración en Palermo gracias al Hipódromo (por entonces Nacional), en la Avenida Libertador y borrego. Enfrente, el Campo Argentino de Polo, donde se realiza el Abierto (ver Polo).

Entre las avenidas Iraola, Presidente Montt e Infanta Isabel está el corazón del parque: el Rosedal. Bello y cuidadosamente atendido, este jardín de rosas alberga más de 15.000 plantas de más de 1.100 especies distintas. A fines de octubre, es una gloria pasear por los caminitos de grava, en medio del color y del perfume que es evaluado por expertos del Concurso Internacional de Rosas Nuevas. Una glorieta cubierta de variedades trepadoras bordea la orilla del lago. Al Jardín se accede por un simpático puente de cemento y madera con pérgola, construido en 1914, o por el llamado Jardín de los Poetas, una amplia avenida con fuente y bustos de Shakespeare, Dante y Rosalía de Castro, entre otros.

Muy cerca, el simpático Patio Andaluz, inaugurado en 1929, donde una colorida fuente de mayólicas −obsequio del Ayuntamiento de Sevilla− es el centro de una pérgola y una glorieta con bancos para sentarse a descansar bajo la alta y tupida sombra de los árboles.

Frente al puente del Rosedal, el Museo de Artes Plásticas Enrique Sívori, se aloja en un chalet de estilo normando (como todas las construcciones del Parque, inspiradas en Biarritz, el balneario de moda de la época), que fue originalmente un tambo modelo y luego, una elegante confitería llamada El Hostal del Ciervo, por la cercana escultura. La construcción fue remodelada entre los años 95 y 96 para adaptarse a las funciones que hoy tiene.
                    El Rosedal


El lago es uno de los pocos lugares donde los fines de semana los chicos pueden andar con seguridad en bicicleta o en rollers que se alquilan en las inmediaciones del Museo. (Conviene saber que en la actualidad, por la noche, esos mismos alrededores del lago se transforman en la zona roja de la ciudad donde se encuentran los travestis).

En el lugar existe una bicisenda de 8 km, que comienza en la avenida Casares y llega hasta la calle Vedia, en Núñez, siguiendo el curso de las avenidas Figueroa Alcorta, Udaondo y Libertador, recomendable sólo para adultos: el tránsito de Buenos Aires no es seguro para los ciclistas, mucho menos si son niños.

Hacia el norte, siguiendo el trazado de Figueroa Alcorta, se puede hacer una caminata muy amena y llegar hasta el lago Regatas, un espejo de agua más grande que el anterior, frente al Campo de Golf de la Ciudad, abierto al público en general.

Tomando como punto de partida el cruce de las Avenidas Sarmiento y Libertador, hacia el este se llega al Planetario Galileo Galilei, en Sarmiento y Belisario Roldán (ver Niños), cuya característica bóveda se ve desde lejos, emergiendo del entorno verde.

También en los alrededores está el Jardín Japonés, uno de los paseos más lindos del barrio, inaugurado el 3 de febrero de 1967 para la visita de los entonces príncipes herederos Akihito y Michiko, hoy emperadores. Diez años más tarde, una paisajista japonesa lo rediseñó inspirándose en los jardines de los templos zen.

En noviembre de 1981 se construyó la casa de té, y desde julio de 1989 está a cargo de la Fundación Cultural Argentino-Japonesa. El jardín poblado de azaleas, bajo la sombra de pinos y gingkos, se organiza alrededor de un lago artificial donde viven cientos de carpas. El restaurante y casa de té están decorados al estilo oriental.

En dirección a la avenida Santa Fe y cruzando Avenida del Libertador, se llega al Museo Evita (en Lafinur y Gutiérrez), una antigua casa de estilo español que alguna vez fue un hogar de tránsito de la Fundación Eva Perón y que hoy guarda recuerdos y memorabilia de una de las mujeres argentinas más conocidas en el mundo entero. Inaugurado en 2002, sus salas exhiben vestimentas, objetos personales, recuerdos de familia, condecoraciones y otros elementos que permiten conocer la historia de la breve vida de Eva.

A dos cuadras, el Jardín Botánico es un remanso de tranquilidad y silencio. Son siete hectáreas entre las avenidas Santa Fe, Las Heras y la calle República Árabe Siria, que cuentan con más de 7.000 especies botánicas, seleccionadas en 1898 por el gran paisajista Carlos Thays. En el predio hay cinco invernáculos, uno de los cuales vino de París tras ser premiado en la famosa Feria donde se exhibió la Torre Eiffel. El edificio principal, de estilo inglés, data de 1881 y está actualmente en refacciones. El Botánico cuenta con biblioteca especializada, abierta al público en general… y una nutrida población de gatos, sanos y bien alimentados.

Museo de Artes Plásticas Enrique Sívori
Av. Infanta Isabel 555. 4774-9452/ 4772-5628. http://www.museosivori.org.ar/. De martes a viernes de 12 a 19. Sábados, domingos y feriados de 10 a 19. Visitas guiadas: sábados y domingos a las 16.

Rosedal
Cercado por razones de seguridad, abre en verano, de 8 a 20. En invierno, de 9 a 18.

Campo de Golf de la Ciudad de Buenos Aires
Av. Tornquist 6397. 4772-7261/7576. De martes a domingo y feriados, de 7:30 a 17.

Jardín Botánico
Av. Santa Fe 3951. 4832-1552. Todos los días de 8 a 19. Entrada libre y gratuita. Para visitas guiadas, llamar al 4831-4527.


Jardín Japonés
Av. Casares y Av. A. Berro. 4804-4922/9141. Todos los días, de 10 a 18. Hay visitas guiadas los sábados, domingos y feriados a las 11:15 y 16:30.

Museo Evita
Lafinur 2988. 4807-9433. De martes a domingos y feriados, de 13 a 19. Todas las salas tienen explicaciones con traducciones al inglés.

San Telmo

Barrio clásico y moderno: tango, antigüedades, galerías de arte, restaurantes gourmet, tiendas de diseño y movida nocturna.



Las calles empedradas de San Telmo, uno de los barrios más antiguos de Buenos Aires, son un imán para turistas y locales. Su epicentro es la Plaza Dorrego, donde cada domingo se monta la Feria más famosa de la ciudad. Puestos de antigüedades exhiben vajilla, monedas, discos, teléfonos y sifones, entre cientos de reliquias. En los alrededores de la plaza suenan los acordes del 2x4 y las parejas de baile muestran sus pasos de tango y milonga, mientras posan para las fotos. Muy cerca, el Mercado de San Telmo, inaugurado en 1897, combina viejos discos de vinilo con frutas y verduras. Es recomendable ir temprano porque se llena de gente. A las 17 hs, ya casi todos están levantando sus puestos para volver a casa.

Buena mezcla de tradición y vanguardia, otra cara interesante de San Telmo la muestran sus galerías de arte y ateliers, que ocupan, desde la década del 60, antiguas construcciones que rememoran la Buenos Aires del siglo XIX. Los coleccionistas pueden encontrar variadas obras de arte contemporáneo argentino creadas por jóvenes y consagrados artistas. Y en los últimos años han poblado el barrio restaurantes gourmet, modernos hostels y hoteles boutique, tiendas de diseñadores independientes, ideales para curiosear durante la semana, cuando no hay menos turistas de paseo y se puede medir el verdadero pulso del popular barrio.




En Parque Lezama

El pulmón verde del barrio es el Parque Lezama (Defensa y Brasil), un predio de varias manzanas que también ofrece un paseo cultural. El parque alberga el monumento al fundador de la ciudad de Buenos Aires, Don Pedro de Mendoza, el Patio de Esculturas y Anfiteatro, que inspiró la historia del libro de Ernesto Sabato “Sobre héroes y tumbas”. En la calle Defensa se encuentra el Museo Histórico Nacional, que exhibe las huellas de algunos de los acontecimientos políticos y sociales más importantes del siglo XIX.

Frente al parque está la Iglesia Ortodoxa Rusa de la Santísima Trinidad, inaugurada en 1904 y construida bajo la influencia del estilo moscovita del siglo XVII. Finalmente, a pocas cuadras, se ubica el Museo de Arte Moderno Municipal (MAM), un edificio de 1918 que alguna vez fue una fábrica de cigarrillos. De noche no es recomendable caminar por el parque; la movida se traslada a las calles Defensa, Balcarce y Humberto I.



Feria de Antigüedades
Defensa y Humberto I
http://www.feriadesantelmo.com/

Mercado de San Telmo
Manzana de Bolívar, Carlos Calvo, Defensa, Estados Unidos.

Plaza Dorrego
Entre Humberto Iº, Defensa, Anselmo Aieta y Bethlem.

Casa de Juan Carlos Castagnino
Balcarce 1016

Galería del Viejo Hotel
Balcarce 1053
http://www.galeriadelviejohotel.blogspot.com/

Rajadell Art Gallery
Defensa 1060
T: (011) 4361-6053
http://www.rajadellartgallery.com.ar/

Corporación Buenos Aires Sur - Centro de Exposiciones
Bolívar 1268
T: (011) 4361-8252


Feria de Arte San Telmo
Piedras 668
T: (011) 4583-0766
http://www.artepetreo.com.ar/

Museo del Cine
Defensa 1220
De martes a viernes de 10 a 17. Cuenta con una cineteca, y colecciones de afiches, vestuario, fotos y documentos.

Museo de Arte Moderno del Gobierno de la Ciudad
Av. San Juan 350
www.museodeartemoderno.buenosaires.gov.ar/

Iglesia Ortodoxa Rusa de la Santísima Trinidad
Brasil 315

Centro Cultural Torquato Tasso

Defensa 1575
T: (011) 4307-6506
http://www.torquatotasso.com.ar/

La Boca

Barrio de conventillos convertido en museo al aire libre. Cuna de club de fútbol más popular del país.

 
                               La Boca. Autor: Esteban Mazzoncini
Fundado por inmigrantes italianos, y enmarcado por la actividad del puerto, el barrio de La Boca es uno de los circuitos turísticos más tradicionales de la ciudad. Su postal más conocida es el colorido paseo Caminito, una calle peatonal de 100 metros de longitud, que resulta un museo al aire libre. Flanqueada por conventillos pintados de vibrantes colores, en los que es posible apreciar la forma de vida de los descendientes de las familias europeas que poblaron estas particulares viviendas a fines del siglo XIX y principios del XX, la actual calle Caminito nació en 1959, cuando el como vecino Arturo Cárrega convocó al pintor Benito Quinquela Martín para que la decorara. A metros de allí, el artista que retrató las imágenes del puerto, estableció su hogar, taller y escuela, que hoy se puede visitar. Para conocerlo con tranquilidad, nada mejor que recorrerlo un día de semana.  Por otra parte, a mediados de los 90 se estableció en la zona la Fundación Proa, que inauguró su edificio con una muestra del mexicano Rufino Tamayo y en 2008 renovó su edificio con la exhibición de Marcel Duchamp. Centro de la vida artística de La Boca, comparte la escena cultural con el Teatro de la Ribera, perteneciente al Complejo Teatral de Buenos Aires, y el grupo Catalinas Sur, un conjunto de vecinos que encontró una forma de expresión sobre el escenario.
Estadio de Boca Juniors "La Bombonera"

Mundo Boca Juniors
La Boca es también sinónimo de la Bombonera, el estadio del Club Atlético Boca Juniors, que alberga la hinchada más fervorosa del fútbol argentino. Fue fundado en 1905 por un grupo de inmigrantes genoveses y por su césped pasaron algunos de los mejores jugadores locales y extranjeros, como Diego Armando Maradona. Tan grande es la pasión boquense que los xeneizes tienen su propio museo ubicado dentro de la cancha, dos pisos colmados de recuerdos y objetos, como camisetas, copas y fotografías, además de murales de Pérez Celis, uno de los artistas más polifacéticos del país.

El domingo, a la salida del partido y para coronar una jornada festiva –aunque el equipo pierda–, nada mejor que aprovechar los variados lugares que ofrecen pizza y sandwiches de chorizo (los famosos choripanes) en los alrededores del estadio. Si uno no quiere ser parte del encuentro deportivo, mejor postergar la visita a La Boca para otro día. Y si el paseo se extiende hasta tarde, es recomendable andar con cuidado o continuar el recorrido por el barrio vecino de San Telmo. Por fuera de eso, La Boca es un barrio bastante humilde, en el que conviene no aventurarse a caminar solo a ninguna hora, y mucho menos con objetos de valor a la vista.

                               Caminito

Escuela Pedro de Mendoza y Museo Quinquela Martín
Av. Pedro de Mendoza 1835

Fundación Proa
Av. Pedro de Mendoza 1929
T: (011) 4104-1000
Teatro de La Ribera
Pedro de Mendoza 1821
T: (011) 4302-9042
www.teatrosanmartin.com.ar

El galpón de Catalinas
Benito Pérez Galdós 93
T: (011) 4307-1097

Museo de la Pasión Boquense
Brandsen 805
T: (011) 4362-1100
Todos los días de 10 a 18, excepto cuando el equipo juega como local.

La Recoleta

Testimonio de la riquísima Argentina de principios del siglo XX, sus avenidas, residencias y plazas traen a la memoria el París soberbio y patricio que fue su gran fuente de inspiración.


 
La Basílica Menor de Nuestra Señora del Pilar.
El lugar de Buenos Aires donde se dan cita los edificios y las boutiques más encumbrados y lujosos se organiza, curiosamente, alrededor de un cementerio. Eso sí, el más conspicuo de la ciudad. Se trata de la Recoleta, que debe su nombre a los monjes que en 1732 inauguraron su convento en el lugar, vecino a la Iglesia de Nuestra Señora del Pilar. Cuando en 1822 los religiosos debieron abandonar el lugar el gobernador Gral. Martín Rodríguez, destinó parte de lo que era el huerto de los frailes a la construcción del cementerio que la creciente aldea necesitaba. Se lo bautizó como Cementerio del Norte, pero desde ese tiempo se lo llamó la Recoleta. El lugar fue diseñado por el ingeniero Próspero Catelin y los primeros entierros fueron los de un párvulo liberto, llamado Juan Benito.

En 1886, el arquitecto Buschiazzo construyó su característico pórtico de estilo dórico, sombreado por dos magníficos gomeros de la India, a partir del cual se abre un pequeño dédalo de callecitas orladas por mausoleos que albergan a los difuntos más patricios de Buenos Aires y a unos cuantos próceres y figuras públicas nacionales. Tal vez una de las bóvedas más solicitadas sea la que guarda los restos de Eva Perón, pero hay muchas otras destacables tanto por su arquitectura, como por la historia de su ilustre huésped.

Junto al de Père Lachaise y el cementerio judío de Praga, el de la Recoleta está incluido en la lista de los más atractivos del mundo. El fuerte contraste que se impone entre el lugar y sus alrededores, donde prima el mundanal ruido, se hace presente en el paredón que da a la calle Vicente López, frente al complejo de cines Village Recoleta, lugar donde Juan Manuel de Rosas, uno de los gobernantes de la Argentina en el siglo XIX y actual huésped del cementerio, hacía fusilar a sus adversarios políticos.

Contigua a la entrada de la Recoleta se encuentra la Basílica Menor de Nuestra Señora del Pilar (Junín 1892), inaugurada en 1732 y remodelada en 1930 (doce años más tarde se la declaraba Monumento Histórico Nacional por tratarse de una acabada muestra de la arquitectura colonial de Buenos Aires, que en este caso, dirigió Andrés Blanqui, el arquitecto de la Compañía de Jesús). Su altar mayor, de estilo barroco, está recubierto de plata y en su interior se conservan algunas muestras de imaginería española, como la talla de San Pedro Alcántara, de Alonso Cano.

Cuando la avenida Callao era el límite de la ciudad, la zona era conocida como tierra del fuego y allí se reunían lavanderas y matarifes que, en ese rincón alejado sobre el río, mezclaban trabajo y ocio. Más tarde los inmigrantes españoles lo hicieron escenario de las romerías de la Virgen.

Junto al edificio de la Iglesia se encuentra el Centro Cultural Recoleta, en el que fuera el Hogar de Ancianos General Viamonte, que funcionó hasta 1978. El edificio fue declarado Monumento Histórico Nacional y totalmente reconstruido en 1980: la obra que intentó rescatar las partes antiguas y originales estuvo a cargo de importantes arquitectos nacionales como Jacques Bedel, Luis Benedit y Clorindo Testa. En el murallón se lucen unas estatuas que pertenecieron al Banco de la Provincia de Buenos Aires y que, hechas en Génova, en 1873, representan a las ciencias, las artes y la producción. El Centro es un activo espacio para muestras de arte contemporáneo (ver Museos) y allí funciona el Museo Interactivo de Ciencias (ver Chicos).

El edificio continúa en un shopping dedicado al diseño y la decoración, llamado Buenos Aires Design, que alberga además un centro de convenciones y algunos restaurantes en su terraza de vista panorámica. En esa plaza funciona una conocida feria artesanal los fines de semana.

En diagonal, se destaca el Museo Nacional de Bellas Artes (Libertador 1743), remodelado en 1937 por Alejandro Bustillo en lo que fuera un antiguo edificio de la empresa proveedora de aguas, por entonces Obras Sanitarias de la Nación (sobre la colección del MNBA, consultar Museos). A través de un puente peatonal que cruza la avenida Figueroa Alcorta, se llega a la Facultad de Derecho. Erigida en 1949, el edificio semeja un templo dórico, con su gran escalinata y la imponente hilera de columnas: en su Aula Magna se ofrecen conferencias y conciertos y también existe una pinacoteca.

Enfrente, por Figueroa Alcorta, en la plaza Naciones Unidas, se luce una de las últimas adquisiciones de la ciudad en materia de ornamentación: la Floralis Generica, una gigantesca flor de aluminio y acero, cuyos pétalos se abren y se cierran. La diseñó y la mandó a construir Eduardo Catalano, arquitecto argentino residente en los Estados Unidos, quien la donó a la ciudad. Se trata de una estructura de metal con seis pétalos que se abre durante el día y se cierra al anochecer: el 25 de mayo, el 21 de septiembre y el 24 y 31 de diciembre la flor queda abierta todo el día.

La continuidad de los parques lleva, por Figueroa Alcorta, al predio que ocupa el edificio de ATC, el canal estatal, una construcción inaugurada en 1978 para el Mundial de fútbol. ATC fue el primero en transmitir en color en el país. Enfrente, la Plaza República Oriental del Uruguay y cruzando Libertador, el imponente edificio de la Biblioteca Nacional (Agüero 2502), que alberga dos millones de piezas, entre los libros y la hemeroteca, considerada la más importante de Latinoamérica. El edificio, un diseño de Clorindo Testa, tiene seis pisos y tres subsuelos, varias salas de lecturas y un auditorio, en el primer piso, donde se escuchan interesantes conciertos de música clásica. Lo rodea la Plaza Rubén Darío, donde se observa un monumento a Eva Perón: en el predio que ocupa la Biblioteca se alzaba la quinta de la familia Unzué que fue, desde 1937, residencia de veraneo de los presidentes de la Nación. Allí vivió el matrimonio Perón, allí murió Evita y el general permaneció hasta su derrocamiento en 1955. Poco después, la residencia fue demolida para evitar, dicen, que se transformara en un sitio de devoción popular.

Hacia la Recoleta, la Plaza Rubén Darío enfrenta a la Plaza Mitre (Libertador entre Agote, Agüero y República del Líbano): subiendo la barranca, se llega al monumento ecuestre del prócer y a la rotonda de Gelly y Obes, a la que dan varias esquinas de lujosos edificios de estilo francés, uno de ellos, la embajada del Reino Unido.

A un par de cuadras del lugar, yendo por Libertador hacia Palermo, el Museo de Arte Decorativo exhibe una colección de más de 4.000 piezas que abarcan desde esculturas romanas hasta platería contemporánea, pero lo más significativo de todo es el edificio mismo, el antiguo Palacio que perteneció al matrimonio de Matías Errázuriz y Josefina Alvear. Diseñado por el arquitecto francés René Sergent en 1911, la Primera Guerra Mundial demoró su construcción seis años. Los paisajistas y decoradores que participaron del proyecto eran europeos, como también los materiales (espejos, mármoles, carpintería: todo se trajo listo para instalar). Para botón de muestra, baste saber que el Salón de Madame, donde acostumbraba a recibir la señora de Errázuriz, está adornado por un óleo de Fragonard y una escultura de Rodin.

Volviendo hacia la Recoleta, a la altura que Libertador se abre y nace la Avenida Alvear, una estatua ecuestre conmemora al General Carlos María de Alvear. Fue realizado por Antonio Bourdelle, escultor discípulo de Rodin. Compañero de armas del General San Martín, llegó a ser Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, es decir, la Argentina de esos tiempos.

Enfrente, en la calle Posadas, aristocrática y tranquila, el Palais de Glace (Posadas 1725) cuenta una historia que poco tiene de heroica pero mucho de sabor local: fue una pista de patinaje sobre hielo construida en 1911 y que funcionó como tal hasta 1921. Después, ya cubierta con madera, la pista recibió a los elegantes de la noche porteña que iban a allí a bailar tango siguiendo el compás de la orquesta de Roberto Firpo o Julio De Caro (y en 1914, fue escenario del inicio de una pelea en la que Carlos Gardel terminó herido de bala). En 1932, las noches del Palais de Glace dejaron de existir y en cambio, dieron lugar a las Salas Nacionales de Exposición función que, con excepción de un lapso en que fueron set de televisión, aún mantienen.

Fue el intendente Torcuato de Alvear, entre los años 1880 y 1887, quien le dio a la Recoleta el sabor afrancesado que hoy luce, al modificar las calles y paseos del barrio. La avenida Quintana, llamada la Calle Larga, conectaba el antiguo convento con el casco viejo de la ciudad: hoy termina en La Biela, uno de los cafés más conocidos y agradables de Buenos Aires, frente a los gigantescos y refrescantes gomeros.

La extraordinaria Avenida Alvear, llamada alguna vez Bella Vista, fue trazada por el mismo intendente y bautizada en honor a su padre.

Pero él también cuenta con monumento propio: se trata de una columna coronada por una imagen alada, la Gloria, que incluye un busto de Torcuato y tres bajorrelieves que sintetizan lo más importante de su obra: la apertura de la Avenida de Mayo, buena parte del asfalto de la ciudad y el arreglo de la Recoleta.
Los edificios más elegantes la bordean, y entre ellos se destaca el histórico Alvear Palace Hotel (ver Hoteles). Cruzando Callao, Ralph Lauren ha recuperado con todo esplendor un magnífico petit hotel para su casa central (Alvear 1780). Una cuadra más adelante, en el 1690, el antiguo Palacete Casares, hoy la sede de la Casa Nacional de la Cultura. Muy cerca, el Palacio Duhau alberga al flamante Park Hyatt Buenos Aires y es vecino del Palacio de la Nunciatura, obra del arquitecto francés Eduardo Lemonnier.

La avenida Alvear comienza en la plazoleta Carlos Pellegrini, frente a la plazoleta con la estatua de este político y ex presidente de la Nación, a la que rodean edificios principales: el Jockey Club (1435), en lo que fuera el Palacio Unzué de Casares, la Embajada de Brasil (ex Residencia Pereda) y la de Francia, en lo que fue la residencia Ortiz Basualdo y donde en 1925 se hospedó el Príncipe de Gales y su comitiva.

En esas mismas calles, claro, están las tiendas más exclusivas de la ciudad: marcas internacionales como Armani, Hermès, Escada, Louis Vuitton, Cartier alternan con las nacionales más sofisticadas, ya sea en locales a la calle como en el sofisticado Patio Bullrich y en la pequeña y encantadora Promenade Alvear, llena de agradabilísimas sorpresas.


Museo Nacional de Arte Decorativo Av. del Libertador 1902. 4802-6606 / 4801-8248. museo@mnad.org. http://www.mnad.org/. De martes a domingos de 14 a 19. Hay visitas guiadas a las 16:30 y 17:30, algunas en castellano, otras en inglés. Consultar. También visita autoguiada con walkman en castellano e inglés.

Cementerio de la Recoleta
Junín 1760. 4804-7040/ 4803-1594. De 7 a 17:45. Visitas guiadas. En español: martes, jueves, viernes, sábados y domingos, a las 11 y a las 15. En inglés: martes y jueves, a las 11. En portugués: los viernes a las 11. Se suspende por lluvia. Gratis.

San Telmo y Montserrat

Las calles más antiguas de Buenos Aires guardan múltiples testimonios de la arquitectura, la historia, la cultura y la vida cotidiana de sus primeros tiempos.

 
Los fines de semana, San Telmo reúne gran cantidad de artistas callejeros.
A poco de fundada por segunda vez y definitivamente, en 1580, la incipiente ciudad de Buenos Aires comenzó a extenderse hacia el sur: la posición elevada de la zona le hizo merecer el nombre de Alto de San Pedro, (aunque también se la conoció como barrio del puerto). Fue en esos años en que apareció el culto a San Pedro González Telmo, designado patrono del viejo convento de Santo Domingo en lo que hoy es la vecina Montserrat.

Muchos años más tarde, en 1871, la epidemia de fiebre amarilla cambió violentamente la suerte del barrio, ya que las familias pudientes que vivían en la zona huyeron hacia el norte, en busca de aires más sanos. El barrio decayó en importancia pero ganó en color: muchas de esos caserones abandonados se transformaron en conventillos, es decir, viviendas de alquiler donde era posible encontrar familias enteras habitando cada uno de los cuartos de las viejas mansiones.

Entre las calles Defensa y Brasil y las avenidas Paseo Colón y Martín García, se extiende el Parque Lezama, originalmente conocido como quinta de los ingleses, ya que su primer propietario fue un ciudadano de ese origen. Dicen que en las cercanías de esa barranca natural (conocida como Barranca de Marcó) se fundó la ciudad original, aunque otros ubican el hecho en La Boca. Lo que sí parece cierto es que allí, a fines del siglo XVIII, funcionó un depósito de negros esclavos de la Real Compañía de Filipinas.

En 1857, el predio fue comprado por Don Gregorio Lezama, que lo rodeó de una verja de hierro y plantó en él árboles y especies exóticas. Su viuda la vendió en 1894 a la Municipalidad con dos condiciones: que fuera destinada a parque y que llevara el nombre de su esposo. Sus deseos se cumplieron y en el lugar, desde entonces, los fines de semana se dan cita los modestos puestos de una feria artesanal, chicos vecinos que juegan a la pelota y artistas callejeros.

En lo que fue residencia del matrimonio Lezama funciona el Museo Histórico Nacional (Defensa 1600), que ofrece testimonios de la historia del país desde el Virreinato hasta la Guerra de las Malvinas, en un recorrido prolijo y bien mantenido por salones que están dedicados, cada uno de ellos, a distintos momentos históricos. Piezas de las culturas indígenas del Noroeste, la más antigua bandera del Ejército de Belgrano, objetos personales de Juan Manuel de Rosas, el original de la primera parte del Martín Fierro y gran cantidad de pertenencias del General San Martín están incluídos en la interesante colección.

Enfrente del Parque, en Brasil 315, la Iglesia Ortodoxa Rusa levanta sus cinco cúpulas de color turquesa, llamativas como todo el edificio. Inaugurado en 1904, fue una obra del arquitecto Alejandro Christophersen, según planos diseñados en Moscú. Cuando hay misas vale la pena entrar: el coro es imponente como también los vitrales y el mosaico que representa a la Santísima Trinidad, venido directamente desde San Petersburgo.

En la esquina con Defensa (calle que los fines de semana es peatonal entre la Av. Garay y Carlos Calvo), las mesas del Bar Británico son, desde hace 40 años, testigos de los cambios del Parque y sus alrededores.

El Pasaje de la Defensa, en el 1179, resulta un buen ejemplo de un conventillo de 1876, en lo que fuera la casa familiar de la familia Ezeiza: hoy convertida en una galería comercial con anticuarios, es posible recorrer sus dos pisos y los tres inmensos patios.

A pasos de la esquina de Defensa y Humberto 1º, la Iglesia de San Pedro Telmo, también tiene cúpulas para exhibir, esta vez de azulejos Pas de Calais (blancos y azules, característicos de la arquitectura rioplatense del XIX).

En 1734, los jesuitas decidieron construir en la zona una iglesia dedicada a Nuestra Señora de Belén y junto a ella una Casa de Ejercicios Espirituales para hombres. Con la expulsión de la orden, las obras, inconclusas, fueron acabadas años más tarde por los padres Betlehemitas que se harían cargo del templo y de la casa, que se transformó en cárcel. En 1806, se creó la Parroquia de San Pedro González Telmo y se designó a Nuestra Señora de Belén como su sede hasta que se construyera la definitiva, lo que nunca se concretó. La parroquia Nuestra Señora de Belén, conocida como Iglesia de San Pedro Telmo, fue concluida en 1876. En las visitas guiadas se recorre el claustro jesuítico, la sacristía donde están colgados los cuadros de las Doce Sibilas recientemente restaurados y la parroquia, con su imponente órgano, aunque lo más interesante es enterarse de la historia del lugar.

A pocos pasos de allí estaba la Plaza del Alto, bautizada en 1822 como del Comercio y en la cual se instalaría un mercado (del mismo nombre), en 1861. Dieciséis años más tarde, volvería a ser plaza y en 1900, cambiaría el nombre por el que lleva actualmente: Coronel Dorrego. Todos los domingos, de 11 a 18 es la sede de la Feria de Antigüedades (ver Ferias de Buenos Aires).

A su alrededor, se abren infinidad de tiendas de anticuarios y galerías de arte para recorrer con tiempo y ganas, de las que se destacan Fred & Ginger (Defensa 1170), por sus afiches de cine y publicidad de otros tiempos y Old Dream (en el 812), dedicada exclusivamente a juguetes que usaron niños de antaño.

Un Mercado Municipal (Defensa 961) de 1897, donde los puestos de carne, frutas y verduras alternan con otros que venden objetos antiguos, fotos viejas y ropa usada; el decadente −y algo deprimente− cine del barrio, el Cecil (Defensa 845), transformado en galería y un antiguo edificio tipo conventillo de 1860 convertido en la Galería del Viejo Hotel, en Balcarce 1053, sede de locales de antigüedades, artesanías y ateliers, son típicos hallazgos de San Telmo.

A unos pocos metros del cruce de Defensa y la Av. Independencia se abre el Pasaje San Lorenzo, una cuadra de antiguas fachadas coloniales en la que al final, en el número 380, se encuentra la Casa Mínima, una construcción de sólo 2,50 m de frente por 13 de fondo que, según dicen, fue alguna vez residencia de esclavos libertos. No está abierta al público.

A la entrada del pasaje, el Zanjón de Granados (Defensa 755) es una interesante alternativa para conocer los vestigios de la antigua Buenos Aires. Se trata de un edificio del siglo XIX cuyos subsuelos muestran cimientos, muros, pisos, aljibes y pozos ciegos construidos −y destruidos− entre 1730 y 1865. En la visita, muy bien organizada por cierto, se cuenta la historia de la ciudad desde su primera fundación en 1536.

La avenida Independencia marca el límite entre San Telmo y Montserrat: la historia de este barrio es la de la ciudad misma, baste decir que tuvo su propia Plaza de Toros y que fue llamado del Tambor, por la cantidad de negros que vivían en sus calles.

Yendo en dirección a Plaza de Mayo, se puede visitar Wussmann, una galería de arte y casa de encuadernaciones, en Venezuela 574. Se trata de un predio de 1875, construido en uno de los solares que Juan de Garay repartió entre los 64 vecinos fundadores de Buenos Aires. En el edificio restaurado, donde se pueden ver los restos de las reformas que sufrió a lo largo de su vida, funciona también un anticuario, un local de objetos de cuero y la trastienda de la galería, dedicada al arte contemporáneo. El mismo criterio conservacionista del edificio se mantiene en la oferta del taller de grabado y de artes gráficas de la imprenta, cuya labor artesanal es una rareza hoy en día.

En Defensa 422, la Basílica de Nuestra Señora del Rosario y Convento de Santo Domingo fue construido por la Orden de los Dominicos Predicadores en la segunda mitad del siglo XVIII. En la segunda Invasión Inglesa, fue capturada por los ocupantes: en una de las torres aún se ven las balas de cañón del combate que logró desalojarlos y en el mismo museo se lucen las banderas del regimiento británico derrotado. Tras la secularización de la orden, funcionó en una de las celdas la primera sede del Museo de Historia Nacional y un observatorio astronómico. En el atrio, un mausoleo conserva los restos del General Manuel Belgrano, creador de la bandera nacional.

El rico pasado de Montserrat se revela a través de reliquias como la Farmacia La Estrella, en Defensa y Alsina, que data de 1834 y es la más antigua de la ciudad. El edificio actual fue construido en 1881, tiene pisos de mayólicas venecianas y la ornamentación incluye cristales de Murano y mármoles de Carrara. En el cielorraso se destaca un mural que muestra una escena alegórica de la salud y la farmacia venciendo a la enfermedad.

En Defensa 219, en una casa de 1890, el Museo de la Ciudad ofrece una encantadora muestra permanente de juguetes viejos: hay muñecas, libros, autitos, bicicletas, cocinitas, vajilla, figuritas y hasta sogas de saltar muy antiguas pero muy bien conservadas. También existen dos salas que reproducen habitaciones de la época con muebles originales del 1900: vale la pena hacerle una visita.

La Manzana de las Luces, en Perú 272, es un edificio jesuítico de la época colonial, cuyo nombre alude las enseñanzas iluministas que se impartían allí: esas construcciones, obra del Virrey Vértiz fueron usadas para la primera biblioteca pública, el archivo general y la Academia de Medicina y el Departamento de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires. Ya en tiempos independientes, albergaron a la Sala de Representantes –donde sesionaba el Congreso Nacional en el 1800− y el Colegio Nacional de Buenos Aires creado en 1863. Los guías a cargo de las visitas hacen muy ameno el recorrido y aportan datos interesantes de la historia de la ciudad. El lugar tiene un museo de sitio, desde donde se ven los túneles subterráneos que en el 1800 lo comunicaban con otros edificios cercanos.

Por la entrada de Julio A. Roca al 600, se accede al Mercado de Las Luces, donde se venden artesanías y antigüedades, pero cuyo atractivo principal es el mismísimo edificio.

Muy cerca, la bella Iglesia de San Ignacio (Bolívar 225) y casi enfrente, la tradicional Librería de Ávila (en Bolívar y Alsina), la primera de la ciudad (se fundó en 1785) y por la que pasaron grandes personalidades de la intelectualidad argentina. Hoy es un reservorio de libros antiguos, reliquias y ejemplares agotados de temas diversos. En el subsuelo está el Almacén y Bar Literario donde uno puede sentarse a leer sobre sillas y sofás de época y rodeado de libros de páginas amarillentas, objetos únicos y antigüedades.

Un poco más allá, en Independencia 1190, funciona desde 1795 la Santa Casa de Ejercicios Espirituales, única que conserva en la ciudad su arquitectura original de la colonia. Mantiene la función para la que fue creada, ero una vez al mes abre sus puertas al público y se pueden recorrer tres de los nueve patios, la capilla menor, oratorios y las celdas que usaban para los ejercicios espirituales, en una visita que puede resultar un tanto prolongada.

Museo Histórico Nacional
Defensa 1600. 4307-1182/4457/3157. De martes a viernes de 11 a 17 y los domingos de 11 a 18. Visitas guiadas: domingos a las 15. $2.

Iglesia Ortodoxa Rusa
Brasil 315. Abre cuando hay misas: sábados a las 18 y domingos a las 10.

Iglesia San Pedro Telmo
Humberto 1º 340. La Iglesia está abierta todo el día, todos los días. El museo, abre los sábados de 10 a 13 y los domingos de 16 a 18. Los domingos a las 16 hay visitas guiadas, por $2.

Mercado Municipal
Defensa 961. Abre todos los días, menos los lunes, de 10 a 19:30.
Museo de la Ciudad
Defensa 219. 4343-2123. De lunes a viernes de 11 a 19. Los domingos de 15 a 19. Miércoles gratis.

El Zanjón de Granados
Defensa 755. 4361-3002. De lunes a viernes de 11 a 17 y domingos de 12 a 17:30. Visitas guiadas: de lunes a viernes a cada hora, entre las 11 y las 17, duran una hora. Los domingos, cada media hora, también tienen media hora de duración y empiezan a las 12. Guías bilingües.

Galería Wussman
Venezuela 574. 4343- 4707. De lunes a viernes de 10 a 20 y los sábados de 10 a 14.

Farmacia La Estrella
Defensa 201. 4343-4040/ 4331-7220. De lunes a viernes de 9:30 a 19:30.

Manzana de las Luces
Perú 272. 4342-9930/6973. Todos los días de 15 a 20. Visitas Guiadas: lunes a viernes a las 15. Sábado y domingo de 15 a 20, cada hora y media.

La Librería de Ávila
Alsina 500. 4331-8989. De lunes a viernes de 8:30 a 20 y los sábados de 10 a 17.

Santa Casa de Ejercicios Espirituales
Independencia 1190. 4305-4285. Un domingo por mes, se realiza una visita guiada de dos horas. Niños hasta 12 años, gratis. La visita es sólo en español.