jueves, 21 de abril de 2011

Las Violetas: la confitería de los tres siglos

Fue fundada en 1884, y hoy luce tan espléndida y señorial como siempre. Fueron habitués Carlos Gardel, Alfonsina Storni y Roberto Arlt.



Si hay algo que distingue a Buenos Aires es el bar y la esquina. Sólo algu­nos lugares elegidos for­man parte de esos rincones míti­cos, ángulos que guardan historias como tesoros. No es fácil ser em­blema de la ciudad. Y la confite­ría Las Violetas es uno de esos íco­nos, referencia porteña ineludible en cualquier libro histórico que na­rre las costumbres porteñas.

Nació en 1884, en lo que era un barrio descampado y conformado por algunas casaquintas, alejado del centro. El nombre de la confitería surgió gracias a que el color predominante de la zona lo daban las flores, dispuestas en los frentes de las casas.

Se construyó entonces una obra de arte arquitectónica pensada para la aristocracia de la zona: mesas de mármol italiano y colum­nas de estilo romano. En la puerta paraban carrozas, carretas, el tran­vía a caballo y una mayoría de hombres, vestidos de galera y bastón.

"Esta confitería es especial por varias razones: tiene un estilo defi­nido, entra una luz muy especial por los ventanales, las mesas de már­mol de Carrara ubicadas adelante son un lujo y los 12 vitrales son ma­ravillosos. Además de los que están arriba de las puertas, hay tres en el fondo llamados Vida, Esperanza y Alegría, y representan tres épocas de nuestro país", describe Luciano Correa, uno de sus mozos.

En 1920 se hizo la primera re­forma, se instalaron los amplios ventanales que se ven en la actua­lidad y el piso de mármol italiano. El espíritu es mantener todo lo que se pueda del original. Hay maderas y arañas de bronce que se conser­van desde su apertura.

Con los años fueron cambian­do también algunas costumbres. Correa explica que "hasta 1950 era imposible entrar sin saco y cor­bata, hoy algunos clientes vienen en bermudas o musculosa". El am­biente artístico siempre dice pre­sente y por sus mesas pasaron Carlos Gardel, Alfonsina Storni, Roberto Arlt, Francis Ford Coppo­la y Viggo Mortensen, entre otros, además de gran parte de la farán­dula local. La confitería también fue utilizada como set de filmación para varias películas.

Allí también las Abuelas de Pla­za de Mayo se reunían de manera clandestina para intercambiar in­formación en los años de la dicta­dura militar.

Pero pese a sus pergaminos históricos, a fines de los 90 -y al igual que otras emblemáticas con­fiterías como Del Molino o el Café de los Angelitos- debió bajar la persiana. Luego de varios reclamos de los vecinos y de una espera de más de dos años, el Gobierno de la Ciudad declaró al edificio Lugar Histórico y reabrió sus puertas.

Más allá de cambios en las mo­das y costumbres, un rito quedó inalterable: los mozos siempre vis­tieron con pantalón negro y cha­queta blanca. La especialidad de la casa es una mezcla entre dulces y salados servidos en una fuente, bautizada con el nombre de la so­prano María Callas. El plato consis­te en sándwiches de miga, fosfo­rito, tostadas y locatelli. Del otro lado de la fuente porciones de tor­ta, budines, pan dulce, masas fi­nas y secas. Comen tres personas y vale 63 pesos, con una infusión y tres copas de jugos. Y para dar­se todos los gustos en cuanto a lo dulce, Las Violetas tiene su propia panadería.
DZ/km
Diego Zwengler Redacción Z

Bailar para adentro y no para afuera

(diciembre 2010, en una milonga de Palermo)

-ché, ¿tenés una fecha para enero? estoy ensayando hace unos meses y quiero empezar con las exhibiciones

-¿ah sí? qué bien, bueno, llamáme en el 2012…

La anécdota que acabábamos de escuchar de boca de un conocido organizador provocó un aquelarre en el taxi que compartí de vuelta a casa con tres amigas. Una de ellas, ya profesional reconocida, recordaba cuánto tiempo y dedicación le llevó presentarse en público. Finalmente, cuando las cuatro colgamos la escoba, coincidimos en que es de humanos eso de creérsela, de pensar que bailamos “divino” y que la gente quiere vernos en la pista.

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mirá como le sale el boleoa…Fotos gentileza Semeon Kukormin

Todas las criaturas de este ancho mundo tienen derecho a un aplauso, claro que sí… pero, acá en el tango el error no está en pecar de vanidad sino de ansiedad: no entender que recién deberíamos bailar para los demás cuando hayamos podido bailar para nosotros mismos. Y esto último no se consigue ensayando.

Cuánto hubiera dado yo por tener un poquito de gracia, o haberme apiolado hace 20 años, cuando florecía el fenómeno y las pistas se llenaban de bailarines sin otra vocación que el abrazo. Lástima. Llevo 10 años intentándolo y todavía no me sale bonito, pero a estas alturas no me trago cualquier sapo: puedo adivinar quién tiene un don y quién se mata laburando, quién está por amor y quién por la “platita”.

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Gracias por la foto, Semeon

No hay duda que la suerte es de los audaces, razón por la que en el fondo siento sana envidia por esta joven camada de talentos que logra colarse en el calendario de las exhibiciones sin más equipaje que un par de tangos aprendidos de memoria. Algunos consiguen combinar técnica y pasión, y que se les note, a otros no hay cómo creerles. Es muy cierta esa frase que suelen repetir los buenos docentes, de que ”se baila para adentro, no para afuera”…es imposible “coreografiar” el sentimiento.

Palermo Viejo

Aún conserva algunos rastros de lo que fue −un barrio tranquilo y bien arrabalero−, mezclados con tiendas de ropa, objetos y restaurantes de ultimísima moda. El resultado es lo más “cool” de Buenos Aires.


 
                               Café en una esquina de Palermo Viejo.
 
 
Parte integrante del inmenso barrio llamado Palermo (que incluye los parques y también el sector ultrachic llamado Barrio Parque o Palermo Chico, sede de embajadas y residencias de gran categoría), la zona en cuestión está limitada por las avenidas Santa Fe, Scalabrini Ortiz, Córdoba y Dorrego y dividida en dos por las vías del tren y el arroyo Maldonado que corre debajo de la avenida Juan B. Justo.

Hacia el norte, la instalación de un canal de televisión y unas cuantas productoras e islas de edición hizo que ese fragmento del barrio fuera denominado Hollywood, mientras que del otro lado de la avenida, continúa llamándose Viejo −pese a que muchos intentan llamarlo Soho, por su semejanza, dicen, con esa parte de New York−.


Según Jorge Luis Borges, vecino y prominente biógrafo del lugar, el barrio le debe su nombre a un señor siciliano, Domínguez de Palermo, dueño de un matadero de ganado cimarrón que en el siglo XVII, abastecía a la aldea que era Buenos Aires. En sus alrededores, las riberas del Maldonado eran buen refugio para contrabandistas, aunque básicamente se trataba de una zona de quintas.

Cuando el niño Borges se mudó al barrio, a comienzos del 1900, “en Palermo vivía gente de familia bien venida a menos y otra no tan recomendable. Había también un Palermo de compadritos, famosos por las peleas a cuchillo…”. El escritor vivió con su familia en Serrano 2147, en una casa que ya no existe −sólo una placa recuerda el sitio−, pero cuya ubicación no se olvidará: en esa manzana circundada por las calles Guatemala, Serrano, Paraguay y Gurruchaga ubica el origen de la ciudad en su poema Fundación mítica de Buenos Aires.

Dice el mismo Borges que, con el tiempo, las quintas fueron “pisoteadas por almacenes, carbonerías, traspatios, conventillos y corralones”, donde vivían quienes trabajaban en la parte más opulenta de Palermo. También abundaban las lecherías, cuyos dueños esperaban con sus carros la llegada del tren lechero en Godoy Cruz y Paraguay, todos los días, a las cinco de la tarde (esto ocurrió hasta bien entrado el siglo XX).

Pero vendrían otros cambios: uno, radical, fue la eliminación, en los 70 de una planta procesadora de gas que funcionaba en lo que hoy es la Plaza Palermo Viejo, de Armenia y Costa Rica. Diez años después, a mediados de los 80, comenzarían a llegar nuevos vecinos, familias de clase media alta, intelectuales y profesionales, en busca de casas más amplias, a precios accesibles en calles amplias y arboladas, donde los chicos pudieran jugar. En los 90 empezaron a instalarse los negocios, en las mismas viejas casas recicladas, como Cat Ballou (Costa Rica 4522), una tienda de decoración de las pioneras en la zona: ese estilo que alterna el respeto por los edificios originales con construcciones modernas que acatan la modalidad del barrio es el que prevaleció (con algunas excepciones) en los años sucesivos.

En la actualidad, Palermo Viejo es uno de los barrios más agradables de la ciudad para pasear, tomar algo, comer y hacer shopping variado pero con un denominador común: el diseño de alto nivel. Abundan los negocios de autor, ya sean de ropa o de muebles y objetos (y hasta de jabones como los Sabater Hermanos, en Gurruchaga 1821) y cuando no lo son, adaptan su propuesta a la onda del lugar, como ocurre con más de una cadena de ropa de marca.

No hay monumentos ni construcciones históricas para visitar: sí la lindísima Plaza Cortázar, en la intersección de Honduras y Borges, sombreada por las tipas y rodeada de bares (viernes y sábados el ambiente se torna un poco denso por la cantidad de gente que circula) y donde sábados y domingos hay una feria de artesanos. Muy cerca, tres pasajes: hacia Córdoba, el Soria, entre Gorriti y Honduras y hacia Santa Fe, el Santa Rosa (entre Honduras y El Salvador) y el Russel (entre El Salvador y Costa Rica), pacíficos y amables, de noche bellamente iluminados.

La mayor cantidad de tiendas y locales de ropa, decoración y accesorios están en el recorrido entre ambas plazas (Cortázar y Palermo Viejo), pero vale la pena extenderlo y descubrir sitios tan originales como simpáticos. De la oferta destacan la Papelera Palermo (Honduras 4943) y su Casa de Oficios (Cabrera 5227) una vieja casa chorizo bajo la sombra de un gigantesco palo borracho, donde muestran la trastienda del negocio papelero y se dictan cursos y talleres de papel artesanal, xilografía, encuadernación y juguetes.
De los viejos y humildes días del barrio quedan edificios, portones y molduras y el viejo Club Eros, en Honduras y Thames, que un grupo de muchachos milongueros inauguró en 1941. Funciona en lo que fue un antiguo inquilinato y tiene 150 socios que se niegan a vender el local y a perder su club. El modesto buffet, que abre mediodía y noche, es ahora frecuentado por jóvenes modernos y no pocos turistas.


Del otro lado de Juan B.Justo el panorama cambia ya que impera el circuito gastronómico. No resulta tan ameno para caminar, pero guarda interesantes lugares, como el Mercado de las Pulgas, en Álvarez Thomas y Dorrego, que ofrece muebles, objetos y utensilios viejos, antiguos y de segunda mano, entre los cuales a veces se puede encontrar algo interesante. A pocas cuadras de allí, en la esquina de Dorrego y Zapiola, el Predio del Centro Metropolitano de Diseño (conocido como El Dorrego) alberga ciertos fines de semana ferias de indumentaria, textiles, objetos de bazar, joyería y muebles (entre muchos otros productos) cuyos autores no frecuentan el circuito comercial habitual.

También de ese lado de Juan B. Justo conviven los negocios reciclados con los originales: así, los Hermanos Estebecorena (El Salvador 5960) armaron su local de ropa para hombres en lo que fue altri tempi una panadería, cuyos muebles y exhibidores adaptaron para su uso actual. A la vuelta, en Arévalo 1748, Elsi del Río, una galería de artistas emergentes, recuperó un viejo almacén del barrio para exhibir muestras de arte contemporáneo.

También de este lado quedan algunos pioneros: en Honduras y Bonpland, Emilio Sangil mantiene su viejo bar de gallegos, típico de la ciudad, tal como lo estableció hace décadas, en una muestra de resistencia verdadera al paso del tiempo. También le han ofrecido fortunas por su esquina que se niega religiosamente a vender.

Palermo Viejo tiene una abundante oferta de bed & breakfast, guest houses y hoteles (ver Hoteles), para instalarse allí unos días. También es posible conseguir en sus locales, los Mapas de Buenos Aires y Saber a dónde ir, dos publicaciones gratuitas con direcciones y planos de la zona y de todos sus locales.

Parques de Palermo

Encantador en primavera, refrescante en los cálidos veranos, es el paseo preferido de grandes y chicos.

 
                               El Planetario Galileo Galilei.
Es la zona verde por excelencia de la ciudad y se extiende desde la avenida Casares hasta la calle Monroe, en Belgrano, entre las vías del ferrocarril y la Avenida Libertador, aunque estas fronteras hagan excepciones con los jardines Zoológico y Botánico que llegan hasta Plaza Italia, el lugar más cómodo para acceder a estos parques a través del transporte público.

A mediados del siglo pasado, toda esa zona y sus inmediaciones −bañados, la costa del río− eran propiedad de Don Juan Manuel de Rosas, por entonces Gobernador de Buenos Aires: su casa estaba en lo que hoy es el Zoológico, en la esquina sudeste del cruce de Libertador y Sarmiento, justo donde actualmente paran los mateos, antiguos carruajes abiertos en los que se puede hacer una breve recorrida por el lugar.

En esa rotonda se levanta el inconfundible Monumento a la Carta Magna y a las Cuatro Regiones Argentinas, que el gobierno español donó a la ciudad en ocasión del Centenario, en 1910, y es conocido por todos como el Monumento de los Españoles.

Luego de la derrota de Rosas en la batalla de Caseros y su posterior exilio, su casa tuvo varios destinos hasta que terminó demolida: en 1870, el presidente Sarmiento determinó la creación de un parque, que llevaría el nombre de Tres de Febrero (fecha de este combate definitivo para la organización nacional), uniendo para siempre a víctimas y victimarios. Creado y diseñado por el paisajista y arquitecto francés Carlos Thays, se inaguró en 1875 y poco después se crearon el Jardín Botánico y el Zoológico (ver Niños).




El parque Tres de Febrero tiene 80 hectáreas que incluyen bosques, lagos y jardines de diversos estilos y hasta la fecha es el lugar preferido de los porteños a la hora de tomar sol, hacer algo de ejercicio o simplemente pasear los fines de semana. A principios de verano, cuando florecen los jacarandás, el paisaje alterna el verde con grandes manchones color lavanda en una de las más bellas imágenes que uno pueda llevarse de Buenos Aires.

De enormes dimensiones, el parque fue, en las primeras décadas del siglo XX, sede de algunos famosos lugares donde mandaba el tango, como Lo de Hansen (en las inmediaciones del Planetario) y el Armenonville (en Figueroa Alcorta y Salguero), hoy desaparecidos. El tango tuvo otra gran fuente de inspiración en Palermo gracias al Hipódromo (por entonces Nacional), en la Avenida Libertador y borrego. Enfrente, el Campo Argentino de Polo, donde se realiza el Abierto (ver Polo).

Entre las avenidas Iraola, Presidente Montt e Infanta Isabel está el corazón del parque: el Rosedal. Bello y cuidadosamente atendido, este jardín de rosas alberga más de 15.000 plantas de más de 1.100 especies distintas. A fines de octubre, es una gloria pasear por los caminitos de grava, en medio del color y del perfume que es evaluado por expertos del Concurso Internacional de Rosas Nuevas. Una glorieta cubierta de variedades trepadoras bordea la orilla del lago. Al Jardín se accede por un simpático puente de cemento y madera con pérgola, construido en 1914, o por el llamado Jardín de los Poetas, una amplia avenida con fuente y bustos de Shakespeare, Dante y Rosalía de Castro, entre otros.

Muy cerca, el simpático Patio Andaluz, inaugurado en 1929, donde una colorida fuente de mayólicas −obsequio del Ayuntamiento de Sevilla− es el centro de una pérgola y una glorieta con bancos para sentarse a descansar bajo la alta y tupida sombra de los árboles.

Frente al puente del Rosedal, el Museo de Artes Plásticas Enrique Sívori, se aloja en un chalet de estilo normando (como todas las construcciones del Parque, inspiradas en Biarritz, el balneario de moda de la época), que fue originalmente un tambo modelo y luego, una elegante confitería llamada El Hostal del Ciervo, por la cercana escultura. La construcción fue remodelada entre los años 95 y 96 para adaptarse a las funciones que hoy tiene.
                    El Rosedal


El lago es uno de los pocos lugares donde los fines de semana los chicos pueden andar con seguridad en bicicleta o en rollers que se alquilan en las inmediaciones del Museo. (Conviene saber que en la actualidad, por la noche, esos mismos alrededores del lago se transforman en la zona roja de la ciudad donde se encuentran los travestis).

En el lugar existe una bicisenda de 8 km, que comienza en la avenida Casares y llega hasta la calle Vedia, en Núñez, siguiendo el curso de las avenidas Figueroa Alcorta, Udaondo y Libertador, recomendable sólo para adultos: el tránsito de Buenos Aires no es seguro para los ciclistas, mucho menos si son niños.

Hacia el norte, siguiendo el trazado de Figueroa Alcorta, se puede hacer una caminata muy amena y llegar hasta el lago Regatas, un espejo de agua más grande que el anterior, frente al Campo de Golf de la Ciudad, abierto al público en general.

Tomando como punto de partida el cruce de las Avenidas Sarmiento y Libertador, hacia el este se llega al Planetario Galileo Galilei, en Sarmiento y Belisario Roldán (ver Niños), cuya característica bóveda se ve desde lejos, emergiendo del entorno verde.

También en los alrededores está el Jardín Japonés, uno de los paseos más lindos del barrio, inaugurado el 3 de febrero de 1967 para la visita de los entonces príncipes herederos Akihito y Michiko, hoy emperadores. Diez años más tarde, una paisajista japonesa lo rediseñó inspirándose en los jardines de los templos zen.

En noviembre de 1981 se construyó la casa de té, y desde julio de 1989 está a cargo de la Fundación Cultural Argentino-Japonesa. El jardín poblado de azaleas, bajo la sombra de pinos y gingkos, se organiza alrededor de un lago artificial donde viven cientos de carpas. El restaurante y casa de té están decorados al estilo oriental.

En dirección a la avenida Santa Fe y cruzando Avenida del Libertador, se llega al Museo Evita (en Lafinur y Gutiérrez), una antigua casa de estilo español que alguna vez fue un hogar de tránsito de la Fundación Eva Perón y que hoy guarda recuerdos y memorabilia de una de las mujeres argentinas más conocidas en el mundo entero. Inaugurado en 2002, sus salas exhiben vestimentas, objetos personales, recuerdos de familia, condecoraciones y otros elementos que permiten conocer la historia de la breve vida de Eva.

A dos cuadras, el Jardín Botánico es un remanso de tranquilidad y silencio. Son siete hectáreas entre las avenidas Santa Fe, Las Heras y la calle República Árabe Siria, que cuentan con más de 7.000 especies botánicas, seleccionadas en 1898 por el gran paisajista Carlos Thays. En el predio hay cinco invernáculos, uno de los cuales vino de París tras ser premiado en la famosa Feria donde se exhibió la Torre Eiffel. El edificio principal, de estilo inglés, data de 1881 y está actualmente en refacciones. El Botánico cuenta con biblioteca especializada, abierta al público en general… y una nutrida población de gatos, sanos y bien alimentados.

Museo de Artes Plásticas Enrique Sívori
Av. Infanta Isabel 555. 4774-9452/ 4772-5628. http://www.museosivori.org.ar/. De martes a viernes de 12 a 19. Sábados, domingos y feriados de 10 a 19. Visitas guiadas: sábados y domingos a las 16.

Rosedal
Cercado por razones de seguridad, abre en verano, de 8 a 20. En invierno, de 9 a 18.

Campo de Golf de la Ciudad de Buenos Aires
Av. Tornquist 6397. 4772-7261/7576. De martes a domingo y feriados, de 7:30 a 17.

Jardín Botánico
Av. Santa Fe 3951. 4832-1552. Todos los días de 8 a 19. Entrada libre y gratuita. Para visitas guiadas, llamar al 4831-4527.


Jardín Japonés
Av. Casares y Av. A. Berro. 4804-4922/9141. Todos los días, de 10 a 18. Hay visitas guiadas los sábados, domingos y feriados a las 11:15 y 16:30.

Museo Evita
Lafinur 2988. 4807-9433. De martes a domingos y feriados, de 13 a 19. Todas las salas tienen explicaciones con traducciones al inglés.

San Telmo

Barrio clásico y moderno: tango, antigüedades, galerías de arte, restaurantes gourmet, tiendas de diseño y movida nocturna.



Las calles empedradas de San Telmo, uno de los barrios más antiguos de Buenos Aires, son un imán para turistas y locales. Su epicentro es la Plaza Dorrego, donde cada domingo se monta la Feria más famosa de la ciudad. Puestos de antigüedades exhiben vajilla, monedas, discos, teléfonos y sifones, entre cientos de reliquias. En los alrededores de la plaza suenan los acordes del 2x4 y las parejas de baile muestran sus pasos de tango y milonga, mientras posan para las fotos. Muy cerca, el Mercado de San Telmo, inaugurado en 1897, combina viejos discos de vinilo con frutas y verduras. Es recomendable ir temprano porque se llena de gente. A las 17 hs, ya casi todos están levantando sus puestos para volver a casa.

Buena mezcla de tradición y vanguardia, otra cara interesante de San Telmo la muestran sus galerías de arte y ateliers, que ocupan, desde la década del 60, antiguas construcciones que rememoran la Buenos Aires del siglo XIX. Los coleccionistas pueden encontrar variadas obras de arte contemporáneo argentino creadas por jóvenes y consagrados artistas. Y en los últimos años han poblado el barrio restaurantes gourmet, modernos hostels y hoteles boutique, tiendas de diseñadores independientes, ideales para curiosear durante la semana, cuando no hay menos turistas de paseo y se puede medir el verdadero pulso del popular barrio.




En Parque Lezama

El pulmón verde del barrio es el Parque Lezama (Defensa y Brasil), un predio de varias manzanas que también ofrece un paseo cultural. El parque alberga el monumento al fundador de la ciudad de Buenos Aires, Don Pedro de Mendoza, el Patio de Esculturas y Anfiteatro, que inspiró la historia del libro de Ernesto Sabato “Sobre héroes y tumbas”. En la calle Defensa se encuentra el Museo Histórico Nacional, que exhibe las huellas de algunos de los acontecimientos políticos y sociales más importantes del siglo XIX.

Frente al parque está la Iglesia Ortodoxa Rusa de la Santísima Trinidad, inaugurada en 1904 y construida bajo la influencia del estilo moscovita del siglo XVII. Finalmente, a pocas cuadras, se ubica el Museo de Arte Moderno Municipal (MAM), un edificio de 1918 que alguna vez fue una fábrica de cigarrillos. De noche no es recomendable caminar por el parque; la movida se traslada a las calles Defensa, Balcarce y Humberto I.



Feria de Antigüedades
Defensa y Humberto I
http://www.feriadesantelmo.com/

Mercado de San Telmo
Manzana de Bolívar, Carlos Calvo, Defensa, Estados Unidos.

Plaza Dorrego
Entre Humberto Iº, Defensa, Anselmo Aieta y Bethlem.

Casa de Juan Carlos Castagnino
Balcarce 1016

Galería del Viejo Hotel
Balcarce 1053
http://www.galeriadelviejohotel.blogspot.com/

Rajadell Art Gallery
Defensa 1060
T: (011) 4361-6053
http://www.rajadellartgallery.com.ar/

Corporación Buenos Aires Sur - Centro de Exposiciones
Bolívar 1268
T: (011) 4361-8252


Feria de Arte San Telmo
Piedras 668
T: (011) 4583-0766
http://www.artepetreo.com.ar/

Museo del Cine
Defensa 1220
De martes a viernes de 10 a 17. Cuenta con una cineteca, y colecciones de afiches, vestuario, fotos y documentos.

Museo de Arte Moderno del Gobierno de la Ciudad
Av. San Juan 350
www.museodeartemoderno.buenosaires.gov.ar/

Iglesia Ortodoxa Rusa de la Santísima Trinidad
Brasil 315

Centro Cultural Torquato Tasso

Defensa 1575
T: (011) 4307-6506
http://www.torquatotasso.com.ar/

La Boca

Barrio de conventillos convertido en museo al aire libre. Cuna de club de fútbol más popular del país.

 
                               La Boca. Autor: Esteban Mazzoncini
Fundado por inmigrantes italianos, y enmarcado por la actividad del puerto, el barrio de La Boca es uno de los circuitos turísticos más tradicionales de la ciudad. Su postal más conocida es el colorido paseo Caminito, una calle peatonal de 100 metros de longitud, que resulta un museo al aire libre. Flanqueada por conventillos pintados de vibrantes colores, en los que es posible apreciar la forma de vida de los descendientes de las familias europeas que poblaron estas particulares viviendas a fines del siglo XIX y principios del XX, la actual calle Caminito nació en 1959, cuando el como vecino Arturo Cárrega convocó al pintor Benito Quinquela Martín para que la decorara. A metros de allí, el artista que retrató las imágenes del puerto, estableció su hogar, taller y escuela, que hoy se puede visitar. Para conocerlo con tranquilidad, nada mejor que recorrerlo un día de semana.  Por otra parte, a mediados de los 90 se estableció en la zona la Fundación Proa, que inauguró su edificio con una muestra del mexicano Rufino Tamayo y en 2008 renovó su edificio con la exhibición de Marcel Duchamp. Centro de la vida artística de La Boca, comparte la escena cultural con el Teatro de la Ribera, perteneciente al Complejo Teatral de Buenos Aires, y el grupo Catalinas Sur, un conjunto de vecinos que encontró una forma de expresión sobre el escenario.
Estadio de Boca Juniors "La Bombonera"

Mundo Boca Juniors
La Boca es también sinónimo de la Bombonera, el estadio del Club Atlético Boca Juniors, que alberga la hinchada más fervorosa del fútbol argentino. Fue fundado en 1905 por un grupo de inmigrantes genoveses y por su césped pasaron algunos de los mejores jugadores locales y extranjeros, como Diego Armando Maradona. Tan grande es la pasión boquense que los xeneizes tienen su propio museo ubicado dentro de la cancha, dos pisos colmados de recuerdos y objetos, como camisetas, copas y fotografías, además de murales de Pérez Celis, uno de los artistas más polifacéticos del país.

El domingo, a la salida del partido y para coronar una jornada festiva –aunque el equipo pierda–, nada mejor que aprovechar los variados lugares que ofrecen pizza y sandwiches de chorizo (los famosos choripanes) en los alrededores del estadio. Si uno no quiere ser parte del encuentro deportivo, mejor postergar la visita a La Boca para otro día. Y si el paseo se extiende hasta tarde, es recomendable andar con cuidado o continuar el recorrido por el barrio vecino de San Telmo. Por fuera de eso, La Boca es un barrio bastante humilde, en el que conviene no aventurarse a caminar solo a ninguna hora, y mucho menos con objetos de valor a la vista.

                               Caminito

Escuela Pedro de Mendoza y Museo Quinquela Martín
Av. Pedro de Mendoza 1835

Fundación Proa
Av. Pedro de Mendoza 1929
T: (011) 4104-1000
Teatro de La Ribera
Pedro de Mendoza 1821
T: (011) 4302-9042
www.teatrosanmartin.com.ar

El galpón de Catalinas
Benito Pérez Galdós 93
T: (011) 4307-1097

Museo de la Pasión Boquense
Brandsen 805
T: (011) 4362-1100
Todos los días de 10 a 18, excepto cuando el equipo juega como local.

La Recoleta

Testimonio de la riquísima Argentina de principios del siglo XX, sus avenidas, residencias y plazas traen a la memoria el París soberbio y patricio que fue su gran fuente de inspiración.


 
La Basílica Menor de Nuestra Señora del Pilar.
El lugar de Buenos Aires donde se dan cita los edificios y las boutiques más encumbrados y lujosos se organiza, curiosamente, alrededor de un cementerio. Eso sí, el más conspicuo de la ciudad. Se trata de la Recoleta, que debe su nombre a los monjes que en 1732 inauguraron su convento en el lugar, vecino a la Iglesia de Nuestra Señora del Pilar. Cuando en 1822 los religiosos debieron abandonar el lugar el gobernador Gral. Martín Rodríguez, destinó parte de lo que era el huerto de los frailes a la construcción del cementerio que la creciente aldea necesitaba. Se lo bautizó como Cementerio del Norte, pero desde ese tiempo se lo llamó la Recoleta. El lugar fue diseñado por el ingeniero Próspero Catelin y los primeros entierros fueron los de un párvulo liberto, llamado Juan Benito.

En 1886, el arquitecto Buschiazzo construyó su característico pórtico de estilo dórico, sombreado por dos magníficos gomeros de la India, a partir del cual se abre un pequeño dédalo de callecitas orladas por mausoleos que albergan a los difuntos más patricios de Buenos Aires y a unos cuantos próceres y figuras públicas nacionales. Tal vez una de las bóvedas más solicitadas sea la que guarda los restos de Eva Perón, pero hay muchas otras destacables tanto por su arquitectura, como por la historia de su ilustre huésped.

Junto al de Père Lachaise y el cementerio judío de Praga, el de la Recoleta está incluido en la lista de los más atractivos del mundo. El fuerte contraste que se impone entre el lugar y sus alrededores, donde prima el mundanal ruido, se hace presente en el paredón que da a la calle Vicente López, frente al complejo de cines Village Recoleta, lugar donde Juan Manuel de Rosas, uno de los gobernantes de la Argentina en el siglo XIX y actual huésped del cementerio, hacía fusilar a sus adversarios políticos.

Contigua a la entrada de la Recoleta se encuentra la Basílica Menor de Nuestra Señora del Pilar (Junín 1892), inaugurada en 1732 y remodelada en 1930 (doce años más tarde se la declaraba Monumento Histórico Nacional por tratarse de una acabada muestra de la arquitectura colonial de Buenos Aires, que en este caso, dirigió Andrés Blanqui, el arquitecto de la Compañía de Jesús). Su altar mayor, de estilo barroco, está recubierto de plata y en su interior se conservan algunas muestras de imaginería española, como la talla de San Pedro Alcántara, de Alonso Cano.

Cuando la avenida Callao era el límite de la ciudad, la zona era conocida como tierra del fuego y allí se reunían lavanderas y matarifes que, en ese rincón alejado sobre el río, mezclaban trabajo y ocio. Más tarde los inmigrantes españoles lo hicieron escenario de las romerías de la Virgen.

Junto al edificio de la Iglesia se encuentra el Centro Cultural Recoleta, en el que fuera el Hogar de Ancianos General Viamonte, que funcionó hasta 1978. El edificio fue declarado Monumento Histórico Nacional y totalmente reconstruido en 1980: la obra que intentó rescatar las partes antiguas y originales estuvo a cargo de importantes arquitectos nacionales como Jacques Bedel, Luis Benedit y Clorindo Testa. En el murallón se lucen unas estatuas que pertenecieron al Banco de la Provincia de Buenos Aires y que, hechas en Génova, en 1873, representan a las ciencias, las artes y la producción. El Centro es un activo espacio para muestras de arte contemporáneo (ver Museos) y allí funciona el Museo Interactivo de Ciencias (ver Chicos).

El edificio continúa en un shopping dedicado al diseño y la decoración, llamado Buenos Aires Design, que alberga además un centro de convenciones y algunos restaurantes en su terraza de vista panorámica. En esa plaza funciona una conocida feria artesanal los fines de semana.

En diagonal, se destaca el Museo Nacional de Bellas Artes (Libertador 1743), remodelado en 1937 por Alejandro Bustillo en lo que fuera un antiguo edificio de la empresa proveedora de aguas, por entonces Obras Sanitarias de la Nación (sobre la colección del MNBA, consultar Museos). A través de un puente peatonal que cruza la avenida Figueroa Alcorta, se llega a la Facultad de Derecho. Erigida en 1949, el edificio semeja un templo dórico, con su gran escalinata y la imponente hilera de columnas: en su Aula Magna se ofrecen conferencias y conciertos y también existe una pinacoteca.

Enfrente, por Figueroa Alcorta, en la plaza Naciones Unidas, se luce una de las últimas adquisiciones de la ciudad en materia de ornamentación: la Floralis Generica, una gigantesca flor de aluminio y acero, cuyos pétalos se abren y se cierran. La diseñó y la mandó a construir Eduardo Catalano, arquitecto argentino residente en los Estados Unidos, quien la donó a la ciudad. Se trata de una estructura de metal con seis pétalos que se abre durante el día y se cierra al anochecer: el 25 de mayo, el 21 de septiembre y el 24 y 31 de diciembre la flor queda abierta todo el día.

La continuidad de los parques lleva, por Figueroa Alcorta, al predio que ocupa el edificio de ATC, el canal estatal, una construcción inaugurada en 1978 para el Mundial de fútbol. ATC fue el primero en transmitir en color en el país. Enfrente, la Plaza República Oriental del Uruguay y cruzando Libertador, el imponente edificio de la Biblioteca Nacional (Agüero 2502), que alberga dos millones de piezas, entre los libros y la hemeroteca, considerada la más importante de Latinoamérica. El edificio, un diseño de Clorindo Testa, tiene seis pisos y tres subsuelos, varias salas de lecturas y un auditorio, en el primer piso, donde se escuchan interesantes conciertos de música clásica. Lo rodea la Plaza Rubén Darío, donde se observa un monumento a Eva Perón: en el predio que ocupa la Biblioteca se alzaba la quinta de la familia Unzué que fue, desde 1937, residencia de veraneo de los presidentes de la Nación. Allí vivió el matrimonio Perón, allí murió Evita y el general permaneció hasta su derrocamiento en 1955. Poco después, la residencia fue demolida para evitar, dicen, que se transformara en un sitio de devoción popular.

Hacia la Recoleta, la Plaza Rubén Darío enfrenta a la Plaza Mitre (Libertador entre Agote, Agüero y República del Líbano): subiendo la barranca, se llega al monumento ecuestre del prócer y a la rotonda de Gelly y Obes, a la que dan varias esquinas de lujosos edificios de estilo francés, uno de ellos, la embajada del Reino Unido.

A un par de cuadras del lugar, yendo por Libertador hacia Palermo, el Museo de Arte Decorativo exhibe una colección de más de 4.000 piezas que abarcan desde esculturas romanas hasta platería contemporánea, pero lo más significativo de todo es el edificio mismo, el antiguo Palacio que perteneció al matrimonio de Matías Errázuriz y Josefina Alvear. Diseñado por el arquitecto francés René Sergent en 1911, la Primera Guerra Mundial demoró su construcción seis años. Los paisajistas y decoradores que participaron del proyecto eran europeos, como también los materiales (espejos, mármoles, carpintería: todo se trajo listo para instalar). Para botón de muestra, baste saber que el Salón de Madame, donde acostumbraba a recibir la señora de Errázuriz, está adornado por un óleo de Fragonard y una escultura de Rodin.

Volviendo hacia la Recoleta, a la altura que Libertador se abre y nace la Avenida Alvear, una estatua ecuestre conmemora al General Carlos María de Alvear. Fue realizado por Antonio Bourdelle, escultor discípulo de Rodin. Compañero de armas del General San Martín, llegó a ser Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, es decir, la Argentina de esos tiempos.

Enfrente, en la calle Posadas, aristocrática y tranquila, el Palais de Glace (Posadas 1725) cuenta una historia que poco tiene de heroica pero mucho de sabor local: fue una pista de patinaje sobre hielo construida en 1911 y que funcionó como tal hasta 1921. Después, ya cubierta con madera, la pista recibió a los elegantes de la noche porteña que iban a allí a bailar tango siguiendo el compás de la orquesta de Roberto Firpo o Julio De Caro (y en 1914, fue escenario del inicio de una pelea en la que Carlos Gardel terminó herido de bala). En 1932, las noches del Palais de Glace dejaron de existir y en cambio, dieron lugar a las Salas Nacionales de Exposición función que, con excepción de un lapso en que fueron set de televisión, aún mantienen.

Fue el intendente Torcuato de Alvear, entre los años 1880 y 1887, quien le dio a la Recoleta el sabor afrancesado que hoy luce, al modificar las calles y paseos del barrio. La avenida Quintana, llamada la Calle Larga, conectaba el antiguo convento con el casco viejo de la ciudad: hoy termina en La Biela, uno de los cafés más conocidos y agradables de Buenos Aires, frente a los gigantescos y refrescantes gomeros.

La extraordinaria Avenida Alvear, llamada alguna vez Bella Vista, fue trazada por el mismo intendente y bautizada en honor a su padre.

Pero él también cuenta con monumento propio: se trata de una columna coronada por una imagen alada, la Gloria, que incluye un busto de Torcuato y tres bajorrelieves que sintetizan lo más importante de su obra: la apertura de la Avenida de Mayo, buena parte del asfalto de la ciudad y el arreglo de la Recoleta.
Los edificios más elegantes la bordean, y entre ellos se destaca el histórico Alvear Palace Hotel (ver Hoteles). Cruzando Callao, Ralph Lauren ha recuperado con todo esplendor un magnífico petit hotel para su casa central (Alvear 1780). Una cuadra más adelante, en el 1690, el antiguo Palacete Casares, hoy la sede de la Casa Nacional de la Cultura. Muy cerca, el Palacio Duhau alberga al flamante Park Hyatt Buenos Aires y es vecino del Palacio de la Nunciatura, obra del arquitecto francés Eduardo Lemonnier.

La avenida Alvear comienza en la plazoleta Carlos Pellegrini, frente a la plazoleta con la estatua de este político y ex presidente de la Nación, a la que rodean edificios principales: el Jockey Club (1435), en lo que fuera el Palacio Unzué de Casares, la Embajada de Brasil (ex Residencia Pereda) y la de Francia, en lo que fue la residencia Ortiz Basualdo y donde en 1925 se hospedó el Príncipe de Gales y su comitiva.

En esas mismas calles, claro, están las tiendas más exclusivas de la ciudad: marcas internacionales como Armani, Hermès, Escada, Louis Vuitton, Cartier alternan con las nacionales más sofisticadas, ya sea en locales a la calle como en el sofisticado Patio Bullrich y en la pequeña y encantadora Promenade Alvear, llena de agradabilísimas sorpresas.


Museo Nacional de Arte Decorativo Av. del Libertador 1902. 4802-6606 / 4801-8248. museo@mnad.org. http://www.mnad.org/. De martes a domingos de 14 a 19. Hay visitas guiadas a las 16:30 y 17:30, algunas en castellano, otras en inglés. Consultar. También visita autoguiada con walkman en castellano e inglés.

Cementerio de la Recoleta
Junín 1760. 4804-7040/ 4803-1594. De 7 a 17:45. Visitas guiadas. En español: martes, jueves, viernes, sábados y domingos, a las 11 y a las 15. En inglés: martes y jueves, a las 11. En portugués: los viernes a las 11. Se suspende por lluvia. Gratis.