miércoles, 27 de abril de 2011

El Palacio de Correos

Correo Palacio

La preocupación por el destino errante del Palacio de Correo de la ciudad de Buenos Aires salió a la luz a través del ilustrativo texto de Alicia de Arteaga.

A propósito de ese tema, adherimos al deseo de su preservación y los hacemos con un aporte sobre la historia del edificio.

La primera sede del correo fue la casa de don Domingo de Basavilbaso, en las actuales Perú entre Alsina y Moreno, donde ahora funciona la legislatura porteña. En 1748 Basavilbaso había sido nombrado Correo Mayor, es decir, encargado de la correspondencia que llegaba y partía de Buenos Aires.

En 1822 fue trasladado a las actuales Bolívar, entre Belgrano y Venezuela. A partir de 1879 se estableció en el ala norte de lo que es hoy la Casa Rosada. Pero en 1882, al ser anexada esa edificación para agrandar la Casa de Gobierno, el correo pasó a Bolívar y Moreno, es decir, a dos cuadras del Cabildo.

En 1888 se proyectó la construcción del Palacio de Correos, en el Paseo de Julio (ahora Alem) y Cuyo (hoy Sarmiento). Para la tarea se contrató al ingeniero francés Norbert Maillart, quien se encontraba en Chile. Pasó por Buenos Aires y preparó los planos. El Congreso aprobó la obra y se le adjudicó una partida presupuestaria.

Proyecto original con frente en la actual avenida Alem.

De inmediato, una pirámide de ladrillos cambió la fisonomía del lugar. Y no fue una postal efímera. Durante 20 años los porteños vieron la misma pila de ladrillos. Una de las razones del retraso, según se dijo, fue la crisis de 1890. Otra, las dificultades que generaba el desnivel de la manzana elegida.

Ladrillos Correo Central
Montículo de ladrillos del Correo.
A todo esto, las oficinas del Correo se habían mudado en 1901 a Corrientes y Reconquista, a la espera de la construcción del Palacio. Era tiempo de relanzar la obra. En 1908, el ingeniero Maillart regresó a Buenos Aires para efectuar cambios. Los principales eran:

1) El frente dejaría de estar sobre el Paseo de Julio y pasaría a la actual Sarmiento.
2) Un enorme sector que en 1888 iba a contener caballerizas se transformaría en oficinas.

Palacio de Correos en construccion
En obra.

Ahora sí, comenzaba la construcción, que demandó ¡otros 20 años! Esta vez la culpa la tuvo la Gran Guerra en Europa.

El edificio que se ideó durante el gobierno de Juárez Celman terminó inaugurándolo Marcelo T. de Alvear curenta años después, el 20 de septiembre de 1928.

martes, 26 de abril de 2011

LA CUADRA

Papeles que van y papeles que vienen

El tema de La Cuadra sigue generando chispas y esta vez destacó los funcionamientos internos de esa institución extraña, el Consejo Asesor en Asuntos Patrimoniales. Entre pretensiones de “tradición” y pedidos de informes sobre cómo hacen las cosas.

                                                
Por Sergio Kiernan
En el Consejo Asesor en Asuntos Patrimoniales se han quedado de lo más nerviosos por haber “desestimado” La Cuadra, la última caballeriza porteña, y haberla luego “estimado” por la clarísima presión de los vecinos. En el primer caso, mostraron una estupenda, olímpica incompetencia al no darse cuenta de lo que estaban haciendo. Lo que originó el segundo caso, que la firma que quiere demoler el lugar para hacer otra torre cementuda quiere usar para pleitear contra la Ciudad por millones. Este anuncio, además de un clásico apriete legal para lograr lo suyo, es fuente de preocupaciones en un sentido inesperado: si estos millones se tendrán que pagar algún día por la incompetencia de los miembros del CAAP ¿no tendrán que pagar ellos? Los que son funcionarios están cubiertos por las generales de la ley, pero los demás no...

Lo que tal vez explica el ataque de solemnidad con que respondieron al pedido de los vecinos de La Cuadra de hablar con ellos. Hasta el arquitecto Ramón Ledesma, director general de Interpretación Urbana, cabeza natural del CAAP y un fiel empleado de su subsecretario Héctor Lostri y su ministro Daniel Chaín, perdió su habitual cinismo de hombre de la industria que hace lo que sea por la industria. El CAAP y el director general hasta le robaron una frase al Parlamento británico y hablaron de la “tradición” del Consejo Asesor, lo que daría risa si no fuera patético (arquitecto Ledesma, ¿en serio?).

Todo empezó cuando el arquitecto Natalio Churba pidió hablar con el CAAP. Churba puso todos sus cañones en lograr que le permitan demoler La Cuadra para hacer una de sus torres, con lobbyistas de lujo como Diego Guelar –a quien no le molesta ser director de la fundación cultural del Banco Ciudad y hacer lobby en ámbitos de la Ciudad– y lobbystas menos explicables como Miguel Schapire. Los vecinos de la Asociación Civil Barrio La Imprenta se enteraron del pedido de Churba y decidieron pedir ellos también hablar ante el CAAP.

Lo hicieron en un email muy formal y educado fechado el 4 de abril y firmado por Guillermo Blousson, presidente de la Asociación Civil. La nota dice que escuchó que el CAAP estaba analizando si recibir o no a Churba, le recuerda al Consejo que “ya ha denegado” reunirse con los vecinos, y le señala que atender al empresario-arquitecto “excedería las misiones y funciones” del ente. La nota termina adelantando que si reciben a Churba, los consejeros se encontrarán ante la exigencia de los vecinos de ser atendidos ellos también.

La respuesta llegó el 11 de abril, avisando que el tema se había analizado el mismo 5, que cayó martes y por tanto era día de reunión. La buena noticia es que el CAAP decidió “por unanimidad” rechazar el pedido de reunión de Churba. La noticia curiosa es por qué, según dicen en la nota, llegaron a esa decisión. La primera razón es “una tradición” de no recibir a nadie y basarse en “la información presentada en el expediente” para que esto “redunde en la transparencia y en la libertad de criterio de los Consejeros” (así, con mayúsculas). La segunda razón es que tanto La Cuadra como La Imprenta son tratados por la Legislatura, con lo que ése es el ámbito para discutir el asunto.

El párrafo final es la mala noticia, en lo conceptual. “En aras de la transparencia” y para trabajar “libres de presiones y de velados o explícitos condicionamientos” le piden a Blousson que en el futuro se dirija por nota al CAAP como institución “y no, como en esta ocasión, a las casillas de correo electrónico privadas de algunos de sus Consejeros”.

Esta aparente tontería es más importante de lo que parece, porque es un indicio de la desorganización con que se maneja el patrimonio en la ciudad. Resulta que el CAAP sigue funcionando básicamente como cuando era un triste organito asesor del ministro de Desarrollo Urbano al que era gratis ignorar. Desde que recibió el mandato de revisar todo pedido de demolición de algo anterior a 1941, el CAAP recibió una masa de trabajo enorme pero sigue en su pecerita prestada en el edificio del Mercado del Plata, sigue dependiendo de los lobos cuidadores de ovejas y sigue sin tener ni la tecnología, ni el personal, ni el tiempo para cumplir su tarea con alguna seriedad. Al director general Ledesma y sus superiores esto no les importa, como no les importa a sus teledirigidos como Susana Mesquida o las representantes de Cultura, ya que la improvisación permite demoler más. La cosa es tan triste, que el CAAP ni siquiera tiene una dirección de mail. La única manera de comunicarse con los consejeros –con minúsculas– es con los mismos mails a los que Ledesma y su gente les mandan la información con que trabaja el Consejo.

La ironía es que los Consejeros firmaron esta respuesta, que fue escaneada y enviada a Blousson desde la casilla privada de un miembro del CAAP. Pese a que el Consejo depende de Desarrollo Urbano, la girl scout que se ocupó del trámite fue la teledirigida arquitecta Graciela Aguilar, que representa Cultura en el ente.

Ya que sacaron el tema de cómo actúa el CAAP, Blousson lo tomó y contestó la nota haciendo sus propios interrogantes. Blousson se pregunta cómo hace uno para comunicarse con el CAAP, por qué sus reuniones son efectivamente secretas, cómo puede ser que en apenas un par de años ya exista “una tradición”. De hecho, le pregunta por qué se abandonó otra “tradición” que hizo que el editor de este suplemento y los representantes de Basta de Demoler sí hayan sido testigos de sesiones del Consejo.

Todo esto amerita un pedido de informes para ver cómo se maneja realmente un ente que, en concreto, maneja millones de dólares en ladrillos y terrenos. Las tonterías del CAAP ya costaron centenas de edificios patrimoniales y parece que le van a costar a los porteños millones de dólares en juicios a futuro. Por ejemplo, es notorio que pese a que la Legislatura le dio más tiempo a los consejeros para analizar los edificios, Ledesma sigue apurando las cosas: los casos a tratar los martes les llegan a los miembros apenas el jueves anterior a sus ahora famosas casillas de correo privadas. Con un poco de suerte, este episodio pernóstico puede servir para aclarar las cosas.


Se hizo la luz en la vieja fábrica

Hampton + Rivoira transformaron una planta textil de Monserrat en un edificio de oficinas moderno, flexible y abierto a la luz del sol.



La intervención del estudio Hampton + Rivoira en un viejo inmueble industrial textil del barrio de Monserrat para convertirlo en un edificio de oficinas corporativas, tiende a sumar a lo que antes era sólido y pesado lo que ahora es liviano y transparente. Gracias a la apertura de una “espina dorsal” vidriada que atraviesa sus tres pisos y los riega con luz solar cenital, la vieja fábrica textil se convirtió en una suerte de gran claustro en altura, en el que la separación física entre las distintas plantas se disuelve literalmente en la luz.

El edificio alberga las oficinas centrales de la empresa Medanito S.A, dedicada a la explotación petrolera, gasífera y forestal, que lo adquirió en 2007. Este inmueble entre medianeras, construido sobre un terreno de 14,5 m de frente por 60 m de profundidad, fue proyectado en la década de 1890 por el arquitecto franco-catalán Alfredo Massüe (1860-1923), conocido sobre todo por ser el autor del Mirador Massüe, en la esquina de Talcahuano y Tucumán. Por entonces, en la planta baja funcionaban el depósito y el local de venta; en el primer piso, con un amplio balconeo sobre el nivel cero, la fábrica, y en el segundo, una vivienda para empleados de la textil y sus familias.

Pero durante la segunda mitad del siglo XX cambió drásticamente de función para pasar a albergar a la sede del Partido Justicialista de la Capital Federal y, entre las sucesivas modificaciones que se le hicieron, perdió ese único balconeo. “Las reformas anteriores prácticamente anularon las características espaciales originales. Nuestro proyecto propuso la recuperación de la caja arquitectónica, para que apareciera el edificio en todo su valor”, cuenta Emilio Rivoira, socio del estudio proyectista junto a Jorge Hampton.

A pesar de que el edificio carecía una normativa que lo preservara, ya que no está dentro del Area de Protección Histórica 1, los arquitectos sugirieron al comitente comprometerse con el rescate patrimonial en lugar de demoler y construir desde cero. Así, el primer trabajo que emprendieron fue despejar las infinitas capas superpuestas de las distintas intervenciones a lo largo del tiempo, y desmontarlas hasta llegar hasta la caja muraria cruda.
Más tarde, el edificio fue catalogado en la categoría estructural, el nivel intermedio de protección que se refiere a “edificios de carácter singular y tipológico que caracterizan su entorno o califican un espacio urbano o son testimonio de la memoria de la comunidad”, aunque en sí mismos no tengan un valor histórico o arquitectónico especial. Pero el proyecto ya cumplía con todos los requisitos de protección.

A estos argumentos, los arquitectos sumaron el de la conservación como criterio de sustentabilidad. “Entendemos que recuperar materiales y estructuras existentes es un punto de partida esencial para el ahorro energía y recursos”, opina Rivoira.

Imagen industrial

En el mismo sentido, el proyecto de puesta en valor es respetuoso de la materia prima sobre la que opera. “No se propone aumentar alturas ni modificar fachadas; lo único que se hizo fue agregar superficies en un nivel de entrepiso sobre las dos franjas medianeras, sin alterar volumetrías, aprovechando la doble altura de la planta baja y la gran profundidad del edificio”, cuenta Rivoira. Esto requirió el trabajo adicional de reforzar las fundaciones para adecuarlo a las nuevas cargas.

Por otra parte, cuando el edificio funcionaba como fábrica, todas sus plantas eran libres salvo la última, donde estaba la vivienda colectiva. Por lo tanto, se retiraron todas las divisiones realizadas posteriormente que seccionaban las plantas, con lo cual se facilitó un planteo de organización flexible y versátil, con puestos de trabajo intercambiables. Y, lo que sin duda constituye el elemento más audaz de la intervención: una visibilidad cruzada para entender la totalidad del edificio. Esto, gracias a la instalación de la ya mencionada espina central que atraviesa todos los pisos, y donde se ubicaron las áreas de apoyo y salas de reuniones vidriadas.

Sobre este eje longitudinal se abrieron dos patios interiores que funcionan como un haz de luz natural y conducto purificador del aire, con lo cual se recrea también otra de las características originales del edificio: “Cuando funcionaba como fábrica, debajo de la gran lucarna central de la terraza se alineaban sectores de ladrillos circulares de vidrio que iban trasmitiendo el reflejo del sol un nivel a otro”, comenta Rivoira

El arquitecto explica que para el interior se optó por una intervención “rústica”, que busca asimilar el fuerte carácter industrial del edificio al de la empresa que hoy lo ocupa. “La idea era hacer visible ese espíritu fabril dentro del edificio a través del uso de perfilerías. Con este fin, se conservaron las escaleras metálicas con más de un siglo de antigüedad y se le otorgó un gran protagonismo a los gruesos perfiles metálicos que delimitan la “espina” central, y que, según señala Rivoira, se asimilan a las que se utilizan habitualmente en las refinerías.

En las áreas de trabajo, que rodean a este vacío en todo su perímetro, la convivencia entre lo viejo y lo nuevo se resolvió con algunos recursos casi escenográficos, como el contraste cromático –y cronológico– entre la caja muraría, pintada interiormente de color arena, y unas bandas de roca de yeso blancas que los cubren parcialmente, hasta dos metros de altura en cada nivel, de modo que los puestos de trabajo se recortan en un juego de claroscuros contra el telón de fondo mudo de la antigua estructura.

Espacios renovados

La fachada mantiene la estructura de la composición original, con el acceso al subsuelo por un montavehículos ubicado en el centro, en el mismo sector donde se ubicaba antiguamente el ingreso central de mercaderías. En tanto, la entrada del personal y visitantes, por un lado, y la de accionistas y miembros del directorio, por el otro, ubicadas simétricamente en los dos extremos de la fachada, mantienen las puertas originales. Los proyectistas explican que el tratamiento del frente se orientó a la “reparación de revoques y revestimientos con productos símil piedra”, y las carpinterías fueron reemplazadas por sistemas de plástico con doble vidriado.


En el último piso y al frente, donde estaba la vivienda se ubicó el área de Accionistas, diferenciada del resto, con un grado mayor representatividad institucional y pública. Todo el piso, que incluye un sector de oficinas hacia el fondo, se organiza alrededor de una gran lucarna que corona la espina vidriada. Desde allí se accede a un entrepiso con la cafetería de personal, que se expande hacia la terraza original, donde se realizó un techo vegetalizado (otra decision basada en la sustentabilidad). Este techo verde es transitable a través de decks, y sirve como un área de encuentro e intercambio social que es utilizada por el personal como lugar de almuerzo o merienda. Pero también es apta para eventos corporativos.
Al subsuelo, además de servir como estacionamiento, se lo destinó como otro ámbito posible para celebrar eventos gracias a la presencia de otra lucarna que abarca todo el patio del fondo. Es casi un aire y luz, pero también se lo aprovechó para generar la sensación de que el edificio, en su conjunto, está perforado e invadido por haces de luz natural que tienden a desmaterializarlo.

Ciclismo urbano: ¿Por qué la bicicleta es el mejor transporte para la Ciudad de Buenos Aires?

Saludable, rápida y, sobre todo, limpia: la bicicleta es el gran medio de transporte de los tiempos que corren y Buenos Aires ya tiene 25 kilómetros de ciclovías. Cinco ciclistas nos cuentan por qué eligen pedalear.

Saludable, rápida y, sobre todo, limpia: la bicicleta es el gran medio de transporte de los tiempos que corren y Buenos Aires ya tiene 25 kilómetros de ciclovías. Cinco ciclistas nos cuentan por qué eligen pedalear.

En línea con las grandes ciudades del mundo, Buenos Aires cuenta con su flamante red de ciclovías protegidas e integradas que unen sus diferentes puntos estratégicos, como Retiro, Constitución, Plaza Italia, Plaza Once, Puerto Madero, La Boca, Correo Central y Plaza de Mayo. El Gobierno porteño comenzó a implementar el Programa Bicicletas de Buenos Aires a principio de este año, como parte del Plan de Movilidad Sustentable. Su objetivo principal es fomentar el uso de la bicicleta como medio de transporte ecológico, saludable y rápido. Hasta el momento, hay construidos 25 kilómetros de ciclovías protegidas divididas en tramos: el primero, desde Plaza Italia hasta Retiro; el segundo, que atraviesa el núcleo de la ciudad; el tercero, desde Retiro hasta La Boca. Se estima que para principios de 2011, la red contará con 100 kilómetros inaugurados, hasta integrar Ciudad Universitaria. http://www.mejorenbici.gob.ar/.

Saludable, rápida y, sobre todo, limpia: la bicicleta es el gran medio de transporte de los tiempos que corren y Buenos Aires ya tiene 25 kilómetros de ciclovías. Cinco ciclistas nos cuentan por qué eligen pedalear.
Guillermo Dietrich (41)
Subsecretario de Transporte del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Tres mil ochocientos metros de natación, 180 kilómetros de ciclismo y 42,2 kilómetros de trote. Esas son las distancias que completó Guillermo Dietrich cuando corrió el Ironman en Florianópolis, en 2005. Aquello fue, de verdad, extremo, pero Dietrich adora practicar todo tipo de deportes, incluso algunos más apacibles, y hace lo imposible para combinar su trabajo en la gestión pública con el surf, el kayak, el fútbol y diferentes carreras a pie o en bici que atraviesan desde las montañas mendocinas hasta la selva tucumana. Mientras tanto, en la ciudad, Dietrich también hace lo suyo. Inspirado en la experiencia de otras grandes metrópolis, como Copenhague o Barcelona, está impulsando el Programa Bicicletas de Buenos Aires desde su función como subsecretario de Transporte porteño: "Es la transformación más profunda que vamos a lograr para mejorar la movilidad de nuestra ciudad".

Un verdadero talibán de la bici, se lo puede ver cruzando el microcentro en dos ruedas, yendo del Ministerio de Desarrollo Urbano al Palacio de Gobierno o la Legislatura porteña en su traje moderno y atildado, pedaleando una plegable Dahon, con kit completo: casco, luces y un aro de pantalón. "Es el mejor accesorio para evitar que se me enganche la botamanga con la cadena y se me ensucie."
Subió a una bicicleta por primera vez cuando tenía 10 años. Empezó andando con su papá y con su hermano, y hoy comparte esa pasión con su propia familia. Los fines de semana, suele entrenarse desde temprano y no es raro encontrárselo corriendo por diferentes barrios de la ciudad, mientras se mide las pulsaciones con una mano y con la otra empuja la minibici de Hansy, su hijo menor.


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Franco Fugazza (36)
Consultor en economía de servicios públicos.

Ni lo duda: se imagina pedaleando a los 80. Y se ríe de quienes alguna vez le dijeron que andar en bicicleta es una forma de no crecer. "¿No tenés aspiraciones?", llegaron a preguntarle. "No, no quiero un auto", les dijo. Franco Fugazza es de esos economistas que visten traje sólo cuando no tienen otra opción. Vive sus días lo más alejado que puede del yeite corporativo, salvo cuando se trata de viajes: en esos casos, se entrega sumiso a rumbos lejanos, como Marruecos u Holanda. Franco vive solo. Describe su vida como un bello desorden provocado por sus ausencias intermitentes y por la impronta bohemia de la que tiñe su tiempo libre. De un lado a otro, recorre bares, cines o casas de amigos, incluso de noche, sobre todo cuando hace calor y pedalear lo transporta a aquellos veranos infinitos de la adolescencia suburbana, sin responsabilidades. "Cuando hay buen clima y la ciudad parece vaciarse, es un placer andar en bici. Juntarse con amigos y pasear sin planear nada. Lo juro: el viaje es casi mejor que llegar a destino." Franco no entiende por qué la mayoría de la gente concibe la bicicleta como algo que se usa sólo por deporte o los fines de semana. Está seguro: "Deberíamos usarla más. Te da autonomía y libertad. Cuando pasa un largo tiempo en el que no la uso y vuelvo a pedalear, siempre pienso: ‹‹Qué bueno está esto. ¿Cómo no lo hice antes?››".

Hace 15 años, le regalaron su Zenith, y en 2001, se compró una cadena. La pagó el doble de lo que vale su bici. Es ancha, se ve fuerte. Parece la de una moto. "Esta es mi verdadera aspiración: que nadie me afane la bici."

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Florencia Gabelli (29)
Vestuarista, diseñadora y música. Toca en las bandas Los Palos Borrachos y Warning with the Snake.

En 2008, se enamoró de Berlín. De viaje por Europa, Florencia Gabelli fue dejando parte de su corazón en la capital alemana al tiempo que apreciaba el pulso de la ciudad y sus habitantes sobre una bicicleta. "Volví decidida a usarla acá, todo el tiempo y para todo", recuerda, y lo viene cumpliendo. Desde su casa de Saavedra, pedalea hacia cualquier destino y, en general, suma por día alrededor de 25 kilómetros. Para ella es la solución a más de una preocupación. Desde las cuestiones más básicas, como el ejercicio físico o el ahorro de tiempo y de dinero, hasta las más reflexivas: "La bici es un medio de transporte sustentable. Usarla me hace sentir que estoy haciendo algo por mí y por el mundo en que vivo. Es una actividad que se lleva muy bien con la naturaleza. Te ayuda a conectar con lo más simple, a sentirte libre... ¡Eso es lo que mas me gusta!".

La bici de Florencia tiene más diez años, y desde entonces, la viene decorando hasta imprimirle su propio sello. Las flores blancas que abrazan el manubrio son el comienzo de un diseño que termina en la alforja que cuelga sobre el costado derecho de la rueda trasera. El cuero marrón canela hace juego con el asiento, un clásico Brooks inglés, una verdadera reliquia que se trajo de una feria de Berlín. Acaso una excusa, el truco perfecto para no olvidarse nunca de aquella ciudad a la que le encantaría volver.


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Hernán Ferreirós (40)
Guionista, periodista y amigo de la casa (escribe en Brando, entre otras publicaciones). También hace guiones para televisión y radio.

Hernán Ferreirós se queja. Para él, la bicicleta es el modo más eficiente, cómodo, económico y enriquecedor para desplazarse por una ciudad. Sin embargo, cree que involucra cierto peligro: en Buenos Aires, ningún conductor espera encontrarse con algo que no sea un auto. "Creen que los ciclistas somos extranjeros ilegales en el asfalto." Todo al revés. Las calles fueron construidas originalmente para los ciclistas: en 1890, hubo tal furor por las bicicletas que comenzaron a pavimentarse caminos debido a su abundancia: "Hace falta mayor visibilidad de las bicis para lograr un cambio de mentalidad". Hernán cree que la resistencia latinoamericana a abrazarla como medio de transporte se debe a que durante el siglo xx, su uso cotidiano estuvo ligado a la clase trabajadora: "Para que la clase media se vuelque a la bici, hay que demostrarle que es cool". El anda en una Pashley Guvnor, una verdadera pieza de museo. Es un modelo de los años 30 que usaban los carteros británicos. A más de un bicicletero viejo se le han aflojado las piernas al ver el cuadro Reynolds 531, de acero, el material que por décadas fue utilizado para el chasis de los Jaguar. Su bici pesa 13 kilos, lo ideal para aguantársela en la ciudad. Tiene cambios internos Sturmey-Archer de tres velocidades que se pueden pasar con la bici detenida. Las llantas color crema –como las de comienzos del siglo xx– son Schwalbe. Lo único que le agregó al combo original fue una computadora wireless y una luz trasera. Eso y unas calzas del diseñador Juan Manuel Brandazza. Una bicicleta elegante: el medio de transporte perfecto para un caballero.


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Lala González Villanueva (38)
Directora de cuentas asociada de la consultora Salem-Viale-González Villanueva.

Para Lala González Villanueva, combinar su vida profesional con su vida familiar fue realmente complicado. Su agenda de trabajo suele estar abarrotada de reuniones, y su jornada suele estirarse más allá del horario típico de oficina, sobre todo cuando se cuela algún evento especial al que no pueda faltar. Cuando llega a su casa y se baja de sus tacos altos, la tarea continúa: se encuentra con sus hijos (mimos, tarea, juego), luego cena, luego la pareja.

Contar con un momento del día propio, todo para ella, fue casi tan difícil como encontrar lugar para estacionar en el Microcentro. Hasta que pensó en su bici. Se recordó de pequeña, libre, andando una y mil tardes después del colegio, y no lo dudó. Compró una plegable rojo malbec y le dijo adiós a su auto durante la semana. "Salir de la oficina y subirme a la bici de regreso a casa es uno de los mejores momentos del día. Me permite desconectar de la rutina del trabajo y llegar a casa recargada de energía para encontrarme con mis hijos y mi marido." Lala descartó el gimnasio y las salidas a correr junto con otras actividades que la obligaban a restar tiempo a su familia. Pedalea media hora de ida y otra media de vuelta, a ritmo tranquilo, desde su casa de Recoleta hasta su oficina en Palermo. Ya no se estresa por el caos de tránsito ni reza para llegar a tiempo a las reuniones. A lo sumo, se queja de tanto en tanto, cuando pincha una rueda, lo que se transforma en tragedia si, encima de tener que inflarla hasta hacer el cambio, se le llega a romper una uña.





Árboles que "hablan" de Buenos Aires

Desde ayer se exhiben, en la Plaza de la República, gigantografías de los ejemplares emblemáticos porteños



Bajo su sombra, el general José de San Martín firmó el parte de victoria del Combate de San Lorenzo. Hoy sigue en pie en lo alto de la plaza Barrancas de Belgrano un retoño de aquel histórico pino de San Lorenzo, plantado en 1650 en el convento de los jesuitas en la provincia de Santa Fe.

Ese es uno de los 12 árboles que vieron florecer a la ciudad de Buenos Aires como una de las capitales más importantes de América y del mundo. Cuando la actual capital del país era apenas algo más que un pueblo con 40.000 habitantes, los pobladores usaban estos árboles para ubicarse geográficamente.

Sobrevivieron más de 200 años, y una iniciativa oficial busca no sólo que se los reconozca, sino también que los vecinos puedan conocer sus historias. Por eso, ayer comenzó una muestra itinerante del patrimonio arbóreo porteño en la Plaza de la República. Habrá gigantografías que mostrarán el higuerón del parque Lezama, el gomero de la Recoleta, el aromo del Perdón, en Palermo, y otros.

Cuatro de los 12 fueron declarados Patrimonio Histórico Nacional. "De Parque Patricios a Belgrano, de San José de Flores a la Recoleta, estos árboles encarnan algunas de las joyas naturales que ofrece la ciudad", dijo Javier Corcuera, presidente de la Agencia de Protección Ambiental, quien junto con Diego Santilli, ministro de Ambiente y Espacio Público, organizó esta muestra que recorrerá Buenos Aires durante todo el año.

En el agitado 2001 el historiador Félix Luna escribió en la sección Cartas de lectores en La Nacion: "Hasta la semana pasada estaba mustio y melancólico. Parecía enteramente muerto. Pero ahora el lapacho que plantó Martín Ezcurra en la esquina de Mariscal Castilla y la avenida Figueroa Alcorta ha empezado a florecer. Pronto el colorido de sus campanillas iluminará ese lugar. Celebremos estos brotes de vida. Y hagámoslo imaginando que es una metáfora del país".

Ese lapacho es sólo uno de los árboles que siguen en pie en la ciudad de Buenos Aires y encarnan una historia para contar.

domingo, 24 de abril de 2011

Del bodegón al grafiti, nuevos paseos para locales y turistas

Un circuito con rincones poco conocidos para disfrutar de la capital porteña. Vida nocturna, música, costumbres criollas y propuestas culturales alternativas.


A veces uno se encuentra en la situación de tener que oficiar de guía turístico para algún pariente o amigo extranjero; algo aparentemente simple en lo teórico, pero que no lo es tanto en la práctica. Si se trata de un solo día, uno no tiene problema en hacer el recorrido obligado de Caminito, el café Tortoni y el Obelisco.

Pero si la cosa se dilata, suele volverse tedioso para un porteño recorrer los sitios característicos de la Ciudad de Buenos Aires . La siguiente guía está pensada para que usted pueda equilibrar entre los destinos y actividades que inexorablemente todo visitante querrá conocer, con otros más originales, que pueden resultar interesantes a ambas partes.

Si el visitante es una persona de mente abierta, con inquietudes artísticas y busca algo más que una foto junto a la Bombonera, es muy posible que se sienta atraído por el Street Art Tour . Organizadas por la compañía Grafiti Mundo, estas visitas guiadas invitan conocer los murales, grafitis y demás obras de arte urbano que decoran Buenos Aires. Aunque muchos lugareños lo ignoran, la “reina del plata” no tiene nada que envidiarle a Barcelona o Los Angeles, ya que, junto con San Pablo, es la meca del arte callejero de América Latina. El paseo dura tres horas, recorre Palermo y sus inmediaciones, y se realiza de miércoles a sábados, desde las 16. Cuesta $ 90 (con bebida y traslado) y puede ser en inglés o en castellano.

En el Abasto, la psicodelia no está en las paredes sino en las calles, donde late un multicuralismo desprolijo, bien latino. Aquí, la música de La Bomba de Tiempo , el ensamble de percusión fundado y dirigido por Santiago Vázquez, no desentona. Todos los lunes por la noche en la Ciudad Cultural Konex (Sarmiento 3131), La Bomba invita a participar de una experiencia que remite al trance tribal. Los tambores frenéticos convierten a esta ex fábrica en una rave de espíritu primitivo, donde la relación formal artista - espectador se desintegra y da lugar a un evento comunitario.

Pensar en evadir la temática tanguera y la cultura criolla es pecar de iluso. Además, ¿por qué alguien preferiría no conocer aquello que distingue a Buenos Aires de tantas otras metrópolis? No es exagerado decir que las costumbres criollas se van diluyendo con los años. Por suerte existe la Feria de Mataderos , el mejor lugar de la Ciudad para experimentar los ritos de cuando la urbe era sólo una gran aldea. Se realiza los domingos de 11 a 20, a pocos metros del cruce de las avenidas Lisandro de la Torre y Directorio, y permite disfrutar de la gastronomía criolla (locro, tamales, asado), música folclórica, competencias de sortija y un paseo de artesanos (entrada gratuita; se suspende por lluvia).

La postal tanguera típica está en todos lados; el desafío radica en dar con un lugar al que se le pueda aplicar el rótulo de “auténticamente tanguero”. Ese sitio es la milonga del club Sunderland (Lugones 3161, Villa Urquiza ). Todos los sábados desde las 22.30, decenas de milongueros se dan cita en una de las pocas pistas donde aún vive el espíritu de los años 40. La milonga se realiza en un club de barrio y se baila sobre las baldosas de su cancha de básquet.

Ya que hablamos de tango, cómo no mencionar el Hipódromo Argentino de Palermo , templo hípico en cuyas tribunas Carlos Gardel dejaba el alma alentando a su querido caballo Lunático. En aquellos tiempos el turf era pasión de multitudes, y el antiguo edificio de Avenida Del Libertador 4101 (inaugurado en 1876 y reformado en 1908) hervía los domingos. La situación ya no es la misma, pero el lugar sigue teniendo cierta mística, cierto charme , que surte efecto en locales y extranjeros. Hay carreras los lunes por la tarde, y algunos viernes, sábados y domingos. La entrada es gratuita, salvo para la tribuna oficial. En noviembre se realiza el Gran Premio Nacional, una cita imperdible.

El Teatro Colón no tiene nada que ver con las apuestas ni los caballos, pero hay algo que lo emparenta al hipódromo: ambos engloban su propio universo. Tras el telón de uno de los mejores escenarios del mundo funciona una compleja maquinaria humana que se encarga de trabajar hasta en el más ínfimo detalle de cada puesta: escenografía, vestuario, iluminación, un modelo de producción que se dejó de aplicar en el resto del globo y que vuelve al Colón una rara avis. Las visitas guiadas –en castellano e inglés– permiten conocer esta maravillosa fábrica teatral. Se realiza todos los días, desde las 9 y hasta 15.45 (el tour cuesta $20 para locales y US$ 15 para extranjeros).

Ajenos a toda moda, los bodegones porteños (en los que términos como maridaje o cocina molecular no tienen cabida) siguen fieles a su mezcla de gastronomía italiana y española. En la esquina de San Juan y Sarandí, San Cristóbal , se encuentra el bar Miramar, uno de los máximos exponentes de este rubro. El local abrió hace 60 años y todo en él –mesas de madera y manteles blancos, el mostrador y la atención– recuerda a la Buenos Aires de mediados de siglo XX. Es el lugar ideal para compartir el tradicional “vermut”, y disfrutar de platos como buseca y guiso de lentejas, o especialidades más raras, como ranas o caracoles.

Atrapado entre el incesante caudal de autos de las avenidas Del Libertador y Figueroa Alcorta, en Palermo, late un pequeño enclave nipón: el Jardín Japonés (abre todos los días de 10 a 18; la entrada cuesta $ 8). Si bien es raro mostrarle a un turista algo tan alejado de la cultura local, su exotismo lo vuelve un paseo imperdible. Los visitantes pueden recorrer los estanques, alimentar a las enormes carpas de colores y disfrutar de la Ceremonia del té en el restaurante, que también está abierto por la noche, y ofrece sushi y platos típicos de la comida nipona.

Internándose 12 km en la provincia de Buenos Aires , está la zona de las Barrancas de San Isidro , destino de fácil acceso (se puede llegar en tren, auto o colectivo) marcado por la historia y la ribera del Río de la Plata . La plaza Mitre, la catedral y Villa Ocampo (Elortondo 1837) –centro cultural que funciona en la antigua casa de Victoria Ocampo– son algunos de los lugares característicos de este barrio. La feria de antigüedades de la estación Barrancas del Tren de la Costa merece ser visitada, al igual que Perú Beach (Perú y el río), área costera donde se puede practicar deportes y disfrutar de un buen trago.

Buenos Aires, la meca norteamericana

Desde 2001 se convirtió en la ciudad más elegida para vivir; muchos jóvenes se quedaron luego de viajes estudiantiles y de turismo.


Buenos Aires, la meca norteamericana
                               Por: Evangelina Himitian

Algunos llegaron como turistas, otros como estudiantes y también como jubilados en su primer año sabático. Pero pronto se enamoraron de la ciudad -de su movida artística, de las comidas, de su vida nocturna y de su moneda devaluada- y decidieron echar raíces en estas tierras. Por estos días, miles de estadounidenses dejan su país para radicarse en Buenos Aires.

Estados Unidos se ubicó octavo en el ranking de nacionalidades que más solicitudes de radicación presentaron desde 2004 ante la Dirección General de Migraciones. Un dato que no es menor: seis de las nacionalidades que anteceden a los EE.UU. en el ranking corresponden a países limítrofes o de la región (Bolivia, Paraguay, Perú, Chile, Uruguay y Brasil). En tanto que China se ubicó en el cuarto puesto.

"Durante la última década, aparecieron dos nuevos polos de inmigración que atraen a los norteamericanos fuera del país: Buenos Aires y Pekín, en ese orden", asegura una investigación que dirige la antropóloga Judith Freidenberg, directora de estudios de pregrado del departamento de antropología de la Universidad de Maryland, en los Estados Unidos. Freidenberg es argentina y por estos días impulsa un trabajo sobre los nuevos imanes migratorios.

La Nacion la entrevistó en forma telefónica en su estudio, en Washington, desde donde se conecta en forma diaria con estadounidenses que viven en Buenos Aires y en Pekín.

Las mayores comunidades de norteamericanos en el exterior están en México y en Canadá, con más de dos millones cada uno, seguido por Londres y Berlín. Sin embargo, en 1999, el gobierno de los EE.UU. dejó de relevar cuántos eran los norteamericanos radicados en el exterior. Sólo se lleva un registro de quiénes trabajan para el Departamento de Estado, ya sea en las fuerzas armadas o en misiones diplomáticas.

"Antes de que se realizara el último censo, el año pasado, distintas organizaciones de expatriados en todo el mundo reclamaron ser censados; sin embargo, finalmente, se decidió excluir la recolección de esta información", explica Freidenberg. "Con lo cual, los datos se obtienen por ONG que agrupan a los inmigrantes", explica la investigadora.

Las cifras de la embajada de los Estados Unidos en la Argentina señalan que en la Capital viven unos 23.000 norteamericanos. Sin embargo, según la investigación de Freidenberg, son más de 60.000 norteamericanos en el país. En Pekín, son unos 10.000.

"Lo que ocurre es que la mayoría de ellos no tramita la nacionalidad, sino que simplemente cruza a Colonia, Uruguay, cuando se le vence el permiso de permanencia como turista. Otros, directamente no salen, porque saben que es muy poco probable que vayan a tener problemas para moverse en la ciudad por permanecer como turistas", explica la investigadora.

Este movimiento migratorio hacia Buenos Aires comenzó en los años de la poscrisis de 2001: tras la devaluación y hasta 2004, llegó la primera camada, aquellos que vinieron atraídos por el tipo de cambio, aprovechando la oportunidad para conocer. Pero, dos años después, comenzó a consolidarse la tendencia: creció la cantidad de norteamericanos que habiendo conocido la ciudad, decidieron establecerse aquí. Por eso el número de ciudadanos estadounidenses que solicitan radicarse en el país viene creciendo sistemáticamente desde 2004 a esta parte, pese a que son un porcentaje menor los que realizan este trámite.

Cuatro clases de personas
"Hay cuatro grupos principales de inmigrantes", detalla la investigadora. Primero, los jóvenes que llegan como parte de un plan de intercambio estudiantil y deciden quedarse. Muchos de ellos reciben dinero de sus familias en el exterior y al multiplicar ese ingreso por cuatro, más algún ingreso adicional que consiguen dando clases de inglés, pueden sobrevivir sin problemas.

El segundo grupo es similar en edad: vienen a hacer una experiencia de vida o a tomar un año sabático. Estudiaron español en la universidad y leyeron cientos de artículos sobre lo maravilloso que es Buenos Aires. San Telmo y Palermo son las zonas más elegidas por este grupo y ellos suelen trabajar en call centers operados desde la Argentina para la atención al cliente en países de habla inglesa.

"El tercer grupo corresponde a profesionales de entre 35 y 45 años que quedaron varados por la recesión en los EE.UU. y que descubren que su título cotiza mejor en la Argentina", explica Freidenberg. Muchos de ellos consiguen puestos en multinacionales o se lanzaron a invertir con un emprendimiento de menor escala en el mercado local.

El último grupo que distingue la investigadora corresponde a jubilados norteamericanos. Personas de más de 65, de clase media. "Significa que pueden convertir su casa y auto en capital para comprar lo mismo en Buenos Aires. Pero saben que con el dinero de su jubilación en dólares pueden tener un mejor nivel de vida en la Argentina que en los EE.UU.", explica la investigadora.

CLAVES

60.000
Son los norteamericanos que residen hoy en la ciudad, según una investigación. La embajada norteamericana en la Argentina calcula que son 23.000.

Octavo
Ese es el puesto que ocupan los norteamericanos en el ranking de nacionalidades que más solicitudes de radicación presentaron desde 2004.